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Vitamina D: más allá de la salud ósea

La vitamina D es una vitamina liposoluble, clasificada con esa letra por ser la cuarta en ser descubierta, asociada generalmente con la salud ósea. Una declaración de consenso de 27 investigadores reveló que la deficiencia de vitamina D aumenta el riesgo de enfermedades autoinmunes e infecciosas, enfermedades cardiorrespiratorias, deterioro de la fuerza muscular, diabetes, mortalidad por cáncer y gravedad del COVID-19.

Las investigaciones han mostrado efectos protectores de la vitamina D contra las enfermedades cardiacas, debido a su influencia en la homeostasis del calcio y la transcripción genética que favorecen la contractilidad miocárdica y disminuyen el riesgo de hipertrofia cardiaca y aterosclerosis. La suplementación se ha relacionado con aumento del colesterol HDL y disminución de triglicéridos y presión arterial.

La vitamina D puede reducir la formación de nuevos vasos sanguíneos alrededor de los tumores, lo que impide el adecuado suministro de nutrientes al mismo, disminuyendo el riesgo de metástasis y por ende la mortalidad por cáncer. La vitamina D también mejora la inmunidad innata y adaptativa, por ejemplo al suprimir células inflamatorias.

Las concentraciones adecuadas de vitamina D se han relacionado con una mejor función cognitiva y estabilidad del estado de animo. La suplementación ha mostrado efectos prometedores en la disminución de los síntomas depresivos. Algunas investigaciones respaldan el papel de la vitamina D en la disminución del riesgo de enfermedad de Alzheimer y de demencia.

Respecto a la diabetes tipo 2, la vitamina D influye en el control metabólico, la resistencia a la insulina y el control de peso. La deficiencia se relaciona con resistencia a la insulina y disfunción pancreática. En un estudio danés se observó que la deficiencia de vitamina D (niveles menores a 10 ng/ml) se relacionó con diabetes tipo 2.

Investigación completa:

https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC11767646


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