Las principales manifestaciones del trastorno depresivo mayor (TDM) incluyen cansancio, pérdida de peso, pérdida de apetito, anhedonia (incapacidad de experimentar placer), problemas de sueño y culpa. Debido a que los síntomas varían en cada persona, la prevención y el tratamiento puede resultar difícil.
Aunque las causas del TDM no están claras, se han sugerido varias hipótesis y posibles factores de riesgo, como la genética y el estrés. La hipótesis de neurotransmisores y receptores menciona que la deficiencia de neurotransmisores monoaminas como serotonina, dopamina y norepinefrina, provocan la depresión clínica.
Un estudio realizado en 2016 por Dutheil y colaboradores mostró que una dieta rica en grasas que se extendió durante aproximadamente 16 semanas, provocó ansiedad. Se observó una elevación de los niveles de corticosterona y glucosa en sangre, lo que activó el sistema inmunológico innato y favoreció la liberación de citocinas proinflamatorias.
Prevención

Las investigaciones recientes aconsejan la medicina del estilo de vida como una forma de prevención. Se ha observado que mejorar el sueño puede ayudar en la prevención, lo que se puede lograr con terapia cognitivo conductual para el insomnio, higiene del sueño y relajación.
Las modificaciones dietéticas deben aplicarse para prevenir el TDM, buscando inhibir la inflamación. Existen algunos nutrientes con propiedades antiinflamatorias, como la fibra y el omega 3. Así mismo hay una gran cantidad de proinflamatorios como el almidón refinado. el azúcar y las grasas saturadas.
La relación entre la microbiota y la inflamación del cerebro se ha relacionado con la fisiopatología de la depresión. El equilibrio de la microbiota intestinal puede lograrse con el consumo de probióticos y fibra dietética, lo que reduciría la inflamación y mejoraría los síntomas de depresión.
El ejercicio físico es un excelente aliado no sólo contra las enfermedades cardiovasculares, sino también contra las enfermedades mentales. El ejercicio es capaz de modificar algunas vías moleculares y celulares que estimulan la angiogénesis, el suministro de oxígeno y la sinaptogénesis.
Además la práctica de ejercicio mejora el hipocampo (una región del cerebro relacionada con la depresión y el estrés) y disminuye los niveles de factores proinflamatorios como Interleucina 6. La recomendación general es realizar 150 minutos de actividad física a la semana, con una intensidad de moderada a intensa. También es importante contar con una red de apoyo social.
Referencias:
