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Síndrome metabólico: Una visión general

El síndrome metabólico se considera un serio problema de salud en todo el mundo. El diagnóstico se cumple cuando se presentan 3 de los siguientes criterios:

  • Circunferencia de cintura  ≥102 cm en hombres y ≥88 en mujeres (Criterios OMS)
  • Triglicéridos en sangre ≥ 150 mg/dL
  • Colesterol HDL en sangre < 40 mg/dL en hombres y < 50 mg/dL en mujeres
  • Tensión arterial ≥ 130/85 mmHg
  • Glucosa en sangre en ayunas ≥ 100 mg/dL

El síndrome metabólico aumenta el riesgo de enfermedad cardiovascular, nefropatía crónica y diabetes tipo 2. La inflamación crónica de bajo grado se ha relacionado con la fisiopatología, además de la actividad del tejido adiposo, el cual se considera un órgano endocrino. 

El tejido adiposo sufre hiperplasia e hipertrofia cuando existe un alto consumo de calorías, favoreciendo el desarrollo de trastornos metabólicos y alteraciones como hipoxia en el microambiente vascular y linfático. La hipoxia y la lipotoxicidad provocan la liberación de sustancias proinflamatorias. 

Se ha demostrado que la acumulación de lípidos en músculo e hígado predispone a la resistencia a la insulina (RI), factor importantísimo en el inicio y la progresión del síndrome metabólico. Se altera el transporte de glucosa y la síntesis de glucógeno, aumentando la secreción de insulina como una forma de compensar. 

El tratamiento del síndrome metabólico debe lograr modificaciones en el estilo de vida para disminuir o evitar los efectos cardiovasculares, actuando sobre los factores modificables, como la obesidad, el sedentarismo y la dieta aterogénica. Es importante que el tratamiento sea individualizado. 

Las recomendaciones generales incluyen:

  • Evitar fumar
  • Realizar actividad física de 30 a 60 minutos al día
  • Seguir una dieta mediterránea
  • Limitar el consumo de grasas saturadas, grasas trans, bebidas azucaradas, alcohol y sal
  • Lograr un IMC deseable en caso de sobrepeso u obesidad

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