Un migrante se define como aquella persona que deja su hogar y sale de su país hacia otro país, esto se da principalmente por razones económicas o de reunificación familiar. Un refugiado es aquel que huye de su país, principalmente por motivos de guerra, persecución o falta de protección. Ambos se ven obligados a pasar por diversas adversidades y a modificar su estilo de vida.
Actualmente, en todo el mundo se han observado conflictos sociopolíticos e impactos ambientales que impulsan la migración de la población. Los migrantes y refugiados se vuelven vulnerables a la inseguridad alimentaria y nutricional. Generalmente los migrantes y refugiados enfrentan problemas para llegar y establecerse en sus lugares de destino, o incluso pueden viajar sin un rumbo fijo.
Lo anterior dificulta el acceso a los alimentos, combustible necesario para continuar con su largo viaje. Las investigaciones han reportado que entre el 55 y 74% de esta población sufre inseguridad alimentaria. También se ha reportado que entre el 62 y el 82% de los trabajadores agrícolas migrantes sufren inseguridad alimentaria, aún cuando ellos contribuyen a la producción de alimentos en Estados Unidos.
Se han propuesto diversas soluciones a estos problemas, entre los que se incluyen: una política migratoria, brindar accesos a instalaciones para cocinar y brindar asistencia para el cuidado de niños. En 2016 se acogió la cumbre de la ONU sobre los refugiados y los migrantes, en la que se comprometió a proteger la seguridad, la dignidad, los derechos humanos y las libertades fundamentales del grupo en cuestión.
Un ejemplo de lo que se ha logrado es lo que presenta la Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela, la cual se encarga de las evaluaciones de seguridad alimentaria, el monitoreo, la presentación de informes y la movilización de recursos. Aún falta mucho por hacer y por investigar, por lo que es un tema que se tiene que tener en cuenta.
Referencias:
