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¿Qué es el síndrome de Sjögren?

El síndrome de Sjögren (SS) se puede definir como una enfermedad crónica autoinmune que afecta a distintos órganos, sistemas y glándulas. Las glándulas salivales y lagrimales son las más afectadas, provocando xerostomía y xeroftalmia respectivamente, esto se debe a la infiltración de células linfocíticas en el parénquima de la glándula, que provoca una disminución de su función. Los problemas sistémicos más comunes incluyen artritis reumatoide, linfadenopatías, afección pulmonar, vasculitis, afectación renal, linfomas, esplenomegalia, neuropatía periférica y miositis. 

Este síndrome se presenta en aproximadamente 0.1 a 3% de la población mundial, es mucho más común en mujeres que en hombres y se presenta a una edad promedio de 50 años. La causa exacta de su aparición es desconocida, pero se asocia principalmente a factores genéticos, hormonales y ambientales. Dependiendo de su origen y evolución, el SS se puede clasificar en 2 categorías: primario y secundario. El primario hace referencia al que no está asociado a otra enfermedad y este es de progresión lenta, el secundario se asocia a otras enfermedades autoinmunes como artritis o lupus.

Debido a la poca investigación que se ha hecho sobre la enfermedad, no existen tratamientos aprobados para tratar la enfermedad como tal, sino que el tratamiento se enfoca en el manejo de los síntomas. Desde el punto de vista nutricional, el uso de Omega 3 se ha propuesto como un tratamiento complementario para la afección ocular. Para la xerostomía, las recomendaciones nutricionales incluyen la limitación de bebidas alcohólicas, café y tabaco, por sus efectos irritantes, así como el aumento en el consumo de agua natural. El uso de gomas de mascar sin azúcar es una opción para favorecer la producción de saliva. 

La baja producción de saliva puede aumentar el riesgo de caries dental y de infecciones orales, por lo que la higiene bucal es un factor muy importante en el tratamiento. Existe también un mayor riesgo de presentar reflujo gastroesofágico. Lo mencionado anteriormente puede afectar el consumo de alimentos, comprometiendo la ingesta de nutrientes como la vitamina B6 y la vitamina D. Se han observado alteraciones en el gusto y apetito, dificultades para comer alimentos secos y un consumo alto en grasas y bajo en carbohidratos. El uso de dieta líquida ha mostrado efectos positivos sobre el flujo salival y lagrimal.

Aunque los estudios sobre la relación entre la alimentación y el síndrome de Sjögren son muy escasos, una correcta alimentación que incluya frutas, verduras, abundante consumo de líquidos y la disminución en el consumo de irritantes como picantes, alimentos ácidos, salados o muy calientes, ha demostrado ser efectiva para mejorar la calidad de vida de los pacientes diagnosticados con esta enfermedad. En general, cuando se trata de síndrome de Sjögren primario, el pronóstico es favorable y un estilo de vida saludable que incluya también actividad física es imprescindible en el tratamiento.

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