En febrero de 2023, la organización mundial de Gastroenterología publicó una serie de directrices sobre prebióticos y probióticos, las cuales se resumen a continuación. El equipo de revisión estuvo conformado por Francisco Guarner, de España; Mary Ellen y Dan Merenstein, de Estados Unidos; Hania Szajewska, de Polonia; Henry Cohen, de Uruguay; Rami Eliakim, de Israel; Claudia Herrera, de Guatemala; Tarkan Karakan, de Turquía; Alejandro Piscoya, de Perú; Balakrishnan Ramakrishna, de India y Seppo Salminen, de Finlandia.
Probióticos y prebióticos: el concepto
El científico ruso Elie Metchnikoff sugirió que las bacterias ácido lácticas (BAL) podrían ser beneficiosas para la salud humana. A raíz de esto surgieron una gran cantidad de investigaciones sobre el efecto de algunos microorganismos en el tratamiento de ciertas enfermedades, como la diarrea. Los probióticos más utilizados desde la antigüedad son los lactobacilos y las bifidobacterias.
Algunas especies de probióticos incluyen: lacticaseibacillus casei, lacticaseibacillus paracasei, lacticaseibacillus rhamnosus, lactiplantibacillus plantarum, levilactobacillus brevis, ligilactobacillus salivarius, limosilactobacillus fermentum y limosilactobacillus reuteri. Un nuevo probiótico es Clostridium butyricum.
Los prebióticos conocidos son polisacáridos no amiláceos y oligosacáridos, aunque se está investigando el papel de otras sustancias con efectos prebióticos, como los polifenoles. Los prebióticos más conocidos son: oligofructosa (trigo, cebolla, plátano, miel y ajo), inulina, galactooligosacáridos, lactulosa (sintético) y oligosacáridos de la leche materna.
La oligofructosa ha demostrado aumentar el número de bifidobacterias en el colon, aumentar la absorción de calcio, acortar el tiempo de tránsito intestinal y disminuir los niveles de lípidos en sangre. Se cree que en el colon las bifidobacterias pueden producir compuestos capaces de inhibir a microorganismos patógenos.
En el intestino, principalmente en el colon, se encuentran una gran cantidad de bacterias, hongos, virus y protistas. Cada persona posee diferentes especies y cepas, dependiendo, entre otras cosas, de la colonización inicial al nacer y de la alimentación. Los prebióticos favorecen el aumento y actividad de las bacterias beneficiosas.
Productos, declaraciones de propiedades saludables y comercio
Dentro de la comercialización de probióticos y prebióticos, generalmente se prohíbe atribuirles beneficios para personas enfermas; además en la etiqueta se debe incluir la especie (y subespecie si existe), designación de la cepa, recuento viable de cada cepa al final de la vida útil, almacenamiento recomendado, dosis recomendada, efectos fisiológicos e información de contacto.
Para verificar la calidad de los productos es necesario conocer la potencia (generalmente indicada por las unidades formadoras de colonias hasta el final de su vida útil), la pureza y la identidad (nomenclatura). Ya que los probióticos están vivos, un incorrecto almacenamiento podría matarlos.
Aplicaciones clínicas
Algunas cepas de probióticos pueden disminuir la gravedad y la duración de la diarrea, y también prevenirla, incluso en la diarrea asociada a antibióticos o a radiación. En relación con Helicobacter pylori, se sugiere que los probióticos podrían disminuir los efectos secundarios del tratamiento de erradicación, mas no actuar directamente sobre H. pylori.
Los probióticos, como la lactulosa, pueden ser útiles en el tratamiento de la encefalopatía hepática, al mejorar la recuperación y las concentraciones plasmáticas de amoniaco. No existe evidencia contundente para recomendar el uso de probióticos a personas con Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII).
El tratamiento con probióticos ha demostrado disminuir la hinchazón abdominal y el dolor en personas con Síndrome de Intestino Irritable (SII) o cólicos. Especies como Streptococcus thermophilus y Lactobacillus delbrueckii subsp. bulgaricus pueden mejorar la digestión de la lactosa y reducir los síntomas de intolerancia.
Se ha observado que en neonatos prematuros, el uso de probióticos puede disminuir el riesgo de enterocolitis necrotizante, además de reducir el riesgo de muerte en los que ya presentan la enfermedad. Los probióticos pueden mejorar el colesterol sanguíneo y las pruebas de función hepática en personas con esteatohepatitis.
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