
El consumo excesivo de sal es un fenómeno que se observa en la mayoría de los países, duplicando el límite máximo recomendado de 5 gramos al día. Es considerado un factor de riesgo de enfermedad cardiovascular (principal causa de muerte en el mundo), debido a sus efectos sobre la elevación de la presión arterial. En el año 2013, los países miembros de la OMS se comprometieron a reducir el consumo de sal en un 30% para 2025; en el año 2023 ningún país estaba cerca de lograrlo.
Los objetivos para disminuir el consumo de sal deben ser dirigidos a la industria alimentaria, para lograr la reformulación de productos ultraprocesados, ya que son los que más contribuyen al consumo de sal en la población, especialmente en países de ingresos altos. El Reino Unido logró una reducción de 19% entre 2003 y 2014 en el consumo de sal al reformular 85 categorías de alimentos. Durante esa época se observaron disminuciones en la presión arterial media y en las tasas de enfermedad cardiovascular.
Un estudio realizado por investigadores de Australia y publicado en 2024, mostró que si se lograra una reducción en el contenido de sal en los alimentos ultraprocesados de tal forma que cumplan con los valores recomendados por la OMS, sería posible prevenir aproximadamente 43 971 eventos relacionados con la enfermedad cardiovascular, además de ahorrar 223 millones de dólares australianos durante los primeros 10 años de su implementación.
En los países de ingresos bajos y medios, como la India, la sal que se agrega al cocinar es la que más contribuye al consumo. En estos casos, si se respetaran los valores de referencia de la OMS, y si se lograra la reformulación de productos, se podrían observar grandes beneficios económicos y de salud. Uno de los principales obstáculos que se presentan para lograr estos objetivos incluyen la dificultad del gobierno para hacerlos obligatorios (por los conflictos de interés o la falta de datos sobre nutrición y consumo).
Otro obstáculo importante es el aumento en la producción y venta de productos ultraprocesados. El consumo de alimentos fuera de casa o de los que se piden a domicilio también va en aumento, estos comúnmente tienen pobres perfiles nutricionales y grandes tamaños de porción. Lamentablemente, los datos sobre el consumo de alimentos fuera del hogar son escasos, por lo que no hay puntos de referencia de la OMS para porciones de este tipo.
Comentario original:
https://www.thelancet.com/journals/lanpub/article/PIIS2468-2667(24)00227-5/fulltext
