El desarrollo de obesidad surge de una compleja interacción de factores biológicos, genéticos, ambientales, culturales y psicosociales que influyen en el apetito, la saciedad y la acumulación de grasa corporal. Tambien influyen factores socioeconómicos y de nivel educativo.
Es un factor de riesgo para el cáncer de mama, especialmente en la posmenopausia. Se cree que la mayor incidencia de cáncer de mama en mujeres con sobrepeso u obesidad en esta etapa se debe a los altos niveles plasmáticos de estradiol en el tejido adiposo.
Con la obesidad y el envejecimiento aumenta la síntesis de estrógenos en el tejido adiposo debido al aumento de la expresión de la aromatasa (enzima que contribuye a la biosíntesis de estrógenos). En la premenopausia, la obesidad y el riesgo de cáncer se relacionan con bajos niveles séricos de progesterona.
Los mecanismos implicados entre la obesidad y el cáncer de mama incluyen la inflamación crónica, hormonas esteroides, regulación positiva de los factores de crecimiento similares a la insulina, hiperinsulinemia o resistencia a la insulina y función inmune alterada.
El cortisol, que tiende a elevarse por estrés y emociones negativas, afecta a la neuroquimica, la neurobiología y comportamientos que pueden provocar alteraciones metabólicas, desregulación del sistema inmune e inflamación crónica de bajo grado.
El estrés se ha relacionado con el aumento del tejido adiposo y por ende síndrome metabólico. En un estudio se observó que los estresosores diarios afectaron las respuestas metabolicas a las comidas ricas en grasas; además aumentan el cortisol, un factor de riesgo para la depresión (se ha relacionado con obesidad).
Un estudio preclínico mostró que el estrés del aislamiento social, al combinarse con una dieta alta en grasas, aumentó la probabilidad de obesidad, resistencia a la insulina y riesgo de cáncer de mama. El estrés puede alterar la función de los adipocitos mamarios y abdominales.
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