La deficiencia de hierro es una comorbilidad poco conocida de la obesidad. En México, más de la mitad de la población mayor de 20 años padece sobrepeso u obesidad y aproximadamente 1.2 millones de personas presentaban anemia en 2016. Se han propuesto y estudiado en mayor medida 3 mecanismos para explicar la relación entre la obesidad y la deficiencia de hierro.
- Consumo insuficiente de hierro
- Aumento de las necesidades de hierro como consecuencia del incremento en el volumen sanguíneo
- Inflamación sistémica y crónica de bajo grado. Este es el mecanismo más aceptado y se relaciona con la hormona hepcidina.
El tejido adiposo, presente de forma excesiva en la obesidad, es considerado un órgano endocrino debido a que es capaz de secretar sustancias como adipocinas (leptina) y citocinas. A medida que se desarrolla obesidad, los cambios en el tejido adiposo alteran la producción de citocinas y favorecen la infiltración de células del sistema inmunológico (como macrofagos que secretan Interleucina-6 y factor de necrosis tumoral alfa).

El tejido adiposo, aunque en muy poca cantidad, también secreta hepcidina, una hormona sintetizada principalmente en el hígado cuya función es modular la concentración de hierro y distribuirlo. La hepcidina puede unirse al transportador de ferroportina 1 e inhibir la liberación del hierro que está dentro de las células (por ejemplo del intestino delgado o del hígado) hacia la circulación.
El hierro de los alimentos se presenta en dos formas, como hierro hemo (origen animal) y no hemo (origen vegetal). Las dos formas son absorbidas principalmente por los enterocitos del intestino delgado, pero el hierro no hemo resulta más afectado por la hepcidina. Se ha observado que la leptina y la Interleucina-6 favorecen la síntesis de hepcidina, participando así en la deficiencia de hierro mediada por la inflamación.
Entonces, las personas con obesidad pueden sintetizar más hepcidina, disminuyendo la absorción de hierro. La suplementación oral con hierro y el uso de potenciadores de absorción, como la vitamina C, no ha demostrado efectos positivos, ya que, aunque los enterocitos absorban hierro, los niveles elevados de hepcidina inhiben su transporte hacia la circulación. El hierro queda atrapado dentro de las células.
Aunque la restricción calórica por sí sola ha mostrado ser eficaz en el tratamiento de la obesidad, en los casos de deficiencia de hierro asociado a la obesidad no es lo más recomendable. Los estudios sugieren combinar la restricción calórica con educación nutricional para mejorar la calidad de la alimentación (por ejemplo para lograr un maypr consumo de hierro hemo, ya que su ingreso a la circulación no depende de la hepcidina).
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