Las tasas de sobrepeso y obesidad han aumentado drásticamente en todo el mundo. En las mujeres en edad reproductiva, la obesidad se relaciona con trastornos del ciclo menstrual, problemas de fertilidad y condiciones de mortalidad en el embarazo y postparto. La evidencia sugiere que la obesidad materna antes de la concepción aumenta las complicaciones durante el embarazo, además de afectar la salud de la descendencia.
Las mujeres embarazadas con sobrepeso u obesidad tienen mayor riesgo de pérdidas prematuras, malformaciones congénitas y partos macrosómicos. El trastorno hipertensivo del embarazo también está fuertemente relacionado con la presencia de obesidad, y es una de las principales causas de mortalidad materna, ya que puede provocar ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares, además de aumentar el riesgo de enfermedades metabólicas, cerebrales y renales en la posteridad.
La relación entre la obesidad previa al embarazo y los resultados adversos mencionados, se pueden explicar por mecanismos como la resistencia a la insulina, la inflamación crónica de bajo grado, la alteración en el suministro de nutrientes y los desequilibrios hormonales. La hipótesis de Barker (1998) sugiere que las condiciones intrauterinas pueden alterar la expresión genética y los resultados de salud en la descendencia, lo que ha sido respaldado por estudios más recientes.
El primer año de vida es crucial para el crecimiento y desarrollo del bebé, especialmente en el desarrollo de las habilidades motoras gruesas, que incluyen el sentarse, pararse, gatear, ganar control de la cabeza, darse la vuelta y caminar. En esto interviene la coordinación, el desarrollo neuronal del bebé y la participación de músculos grandes del cuerpo. El entorno postnatal también influye en el desarrollo de las habilidades motoras, por ejemplo si la obesidad limita el nivel de actividad física de la madre, el bebé puede tener menos oportunidades de realizar actividad física.

Un estudio llevado a cabo en Serbia y publicado el 24 de abril del presente año, dividió a 200 mujeres embarazadas en dos grupos según su IMC. En el grupo control se incluyeron 112 mujeres con IMC normal, mientras que el otro grupo estaba formado por 88 mujeres con IMC por encima del rango normal. Se observó que las pacientes con IMC más alto tenían antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular y de diabetes tipo 2.
En el mismo estudio se observó que los recién nacidos de madres con valores altos de IMC tuvieron niveles más bajos en la escala motora infantil de Alberta, la cual evalúa el desarrollo motor temprano de los bebés. A los 3 meses se observaron valores más bajos en la pronación y supinación y en total, a los 6 meses valores más bajos en pronación, supinación, sentada y en total; a los 9 meses valores más bajos en pronación, sentado de pie, supinación y en total; y a los 12 meses valores bajos en sentada, estar de pie y en total. Todo al comparar con los recién nacidos de madres con IMC normal.
Referencias:
