
La prevalencia de obesidad infantil ha crecido considerablemente, principalmente en países de ingresos medios y bajos, donde además se presenta el problema de la desnutrición. La obesidad es uno de los principales factores de riesgo para la aparición de tres de las enfermedades crónico degenerativas más comunes: la diabetes tipo 2, el cáncer y la enfermedad cardiovascular.
La enfermedad cardiovascular aterosclerótica puede iniciar en la infancia. A lo largo de la historia se han publicado una gran variedad de estudios que vinculan el exceso de adiposidad con esta enfermedad. Se ha demostrado que el riesgo de la enfermedad y de posterior mortalidad es mayor en los casos de obesidad infantil y de la presencia de factores de riesgo metabólicos como triglicéridos altos, colesterol HDL bajo y presión arterial alta.
Se ha visto que aproximadamente la mitad de los niños con obesidad infantil desarrollan obesidad en la adultez y aproximadamente el 80% de los jóvenes con obesidad grave también presentan obesidad adulta. La edad es un factor importante en el desarrollo de la enfermedad cardiovascular aterosclerótica.
Conforme avanza el tiempo, la obesidad infantil y sus complicaciones aceleran el desarrollo de aterosclerosis en sus cuatro etapas: disfunción endotelial, acumulación de líquidos, formación de placa y ruptura. Es importante considerar los determinantes sociales de la salud para asegurar el éxito de los programas enfocados en prevenir y combatir la obesidad infantil.
Algunos determinantes estructurales y ambientales que dificultan el éxito son: el bajo nivel socioeconómico, el acceso limitado a la atención médica, la inseguridad alimentaria y el aislamiento social. Estos factores pueden promover estilos de vida riesgosos, por ello, no podemos centrarnos solo en los enfoques individualistas, sino tener en cuenta todo el entorno.
Acceso a investigación completa:
https://link.springer.com/article/10.1007/s11883-023-01111-4
