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Obesidad infantil: epidemiología y causas

La obesidad en niños y adolescentes es un problema de salud pública relacionado con comorbilidades cardiometabólicas y psicosociales en la adultez, así como con mortalidad prematura. El IMC es la herramienta de detección comúnmente utilizada para propósitos epidemiológicos, el cual es una forma indirecta de medir la grasa corporal. 

Los resultados deben ser comparados con referencias de crecimiento ajustadas por sexo y edad, como las tablas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) divididas por grupos de edad. La circunferencia de cintura es otra medida de detección, relacionándose con obesidad abdominal cuando el índice cintura-altura es mayor a 0.5.

Entre 1975 y 2016, la prevalencia mundial de obesidad estandarizada por edad aumentó 0.7% en niños y adolescentes de entre 5 y 19 años, observándose diferencias socioeconómicas. En los países de ingresos medios y bajos, los niños de niveles socioeconómicos más altos tenían mayor riesgo de sobrepeso u obesidad, al comparar con un nivel más bajo; en países de ingresos altos los niños con desventajas económicas tenían mayor riesgo. 

El rápido desarrollo de la obesidad se asocia a una variedad de factores, conocidos en conjunto como bio-socio-ecológicos, entre los que se incluyen la predisposición biológica y factores socioeconómicos y ambientales. Dependiendo del sitio donde el tejido adiposo es almacenado, el riesgo a la salud puede ser diferente.

Los factores que contribuyen al riesgo de obesidad incluyen un consumo excesivo de alimentos densos en energía y pobres en micronutrientes, alto consumo de bebidas azucaradas y la exposición a publicidad sobre alimentos ultraprocesados. Los patrones de alimentación (por ejemplo saltarse el desayuno), el tamaño de las porciones, la velocidad de la alimentación y la influencia de la carga glucémica también pueden influir. 

El tiempo en las pantallas, que se ha incrementado en las últimas dos décadas por la aparición de dispositivos móviles y de juego, puede aumentar el riesgo de obesidad al exponer a niños y adolescentes a la publicidad alimentaria, incrementar el comer sin pensar mientras ven las pantallas y al disminuir el tiempo de actividad física y de sueño. 

Algunos factores pueden coexistir, por ejemplo se ha observado que un mayor tiempo frente a las pantallas se relaciona con un periodo más corto de sueño y con dificultad para conciliar; y un sueño insuficiente se relaciona con un aumento en el consumo de alimentos y una disminución de la actividad física. 

Factores maternos, como la ganancia excesiva de peso gestacional y la diabetes gestacional pueden aumentar el riesgo de obesidad en la niñez; la lactancia materna puede tener un efecto protector. La introducción temprana (antes de los 4 meses) de alimentos y bebidas, como fórmula láctea, se ha relacionado con el desarrollo de sobrepeso y obesidad. 

La alimentación perceptiva (prestando atención a las señales de hambre y saciedad del niño), especialmente en edad preescolar (1 a 4 años) se relaciona con un aumento de peso saludable, contrario a la alimentación no perceptiva, asociada con sobrepeso y obesidad infantil. 

Factores ambientales, como la exposición al humo de tabaco durante el embarazo, la contaminación del aire y el consumo frecuente de antibióticos en la infancia (probablemente relacionado con alteraciones en la microbiota intestinal), pueden también aumentar el riesgo de obesidad en la infancia. 

Investigación original:

https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC9831747


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