Es bien sabido que la mala alimentación es un factor de riesgo para la aparición de múltiples enfermedades, entre ellas la enfermedad cardiovascular (ECV), causante de morbilidad y mortalidad en todo el mundo. Para abordar ese problema, es muy importante conocer las recomendaciones dietéticas enfocadas en reducir la carga de la enfermedad. Por ello, se presentarán los puntos más importantes de la nueva actualización de «Nutrición y enfermedades cardiovasculares», publicada por Bowen y colaboradores en 2018.
Pautas dietéticas actuales y prevención de ECV

Con el paso del tiempo se le ha prestado mayor atención a la totalidad de la dieta y de los alimentos, que a los nutrientes aislados que componen un alimento. Esto ha permitido tener una imagen más completa del impacto del perfil de nutrientes de un alimento (matriz alimentaria) sobre la enfermedad cardiovascular. Como consecuencia de todo esto, muchas de las nuevas guías alimentarias se enfocan en la recomendación de alimentos, más que en la de nutrientes particulares (grasa saturada, colesterol, sodio y azúcar agregada).
Lo anterior no quiere decir que se dejen a un lado los valores de referencia de esos nutrientes, sino que con las recomendaciones de alimentos se aseguran esos valores. Como ejemplo se presenta la «Guía para reducir el riesgo cardiovascular» de la Asociación estadounidense del corazón (AHA) y del colegio estadounidense de cardiología (ACC), donde se subraya el consumo de verduras, frutas y granos integrales; productos lácteos bajos en grasa, aves, pescados, legumbres, aceites vegetales y nueces.
En la guía también se presentan los alimentos que se deben limitar, como los dulces, bebidas azucaradas, carnes rojas y aceites vegetales tropicales (aceite de palma y de coco). Además se incluye la recomendación de restringir las grasas saturadas al 5-6% de las calorías totales en personas con niveles altos de colesterol LDL (C-LDL) y la de limitar el consumo de sodio a menos de 2400 mg al día en personas con niveles altos de presión arterial, pudiendo disminuirse hasta menos de 1500 mg para mejores resultados.
Grasa saturada en la dieta y riesgo de ECV

Para disminuir el riesgo de ECV, diversas guías recomiendan patrones dietéticos bajos en grasas saturadas. Una estrategia para lograr esto es la sustitución por ácidos grasos insaturados (preferentemente poliinsaturados) y proteínas magras. Expertos de AHA y ACC mencionan los beneficios sobre el perfil de lípidos del reemplazo de grasas saturadas por grasas poliinsaturadas (mayores beneficios), seguido de grasas monoinsaturadas y por último de cereales integrales.
Algunos autores no han encontrado relación entre el consumo de grasas saturadas y enfermedad coronaria, lo que se puede deber a que el nutriente de reemplazo de los grupos con un consumo bajo de grasa saturada no se consideró en las asociaciones de riesgo. Otro punto a considerar es el que se observó en el estudio de salud de enfermeras (NHS) y el estudio de seguimiento de profesionales de la salud (HPFS), donde las personas que disminuían en mayor medida su consumo de grasas saturadas, también aumentaban su consumo de carbohidratos refinados.
Otro estudio realizado por NHS y HPFS observó que la sustitución del 5% de la energía proveniente de grasas saturadas por el 5 % de la energía proveniente de grasas poliinsaturadas, monoinsaturadas o cereales integrales, disminuyó el riesgo de cardiopatía coronaria en un 25%; observándose en otros estudios nulos efectos al sustituir el consumo de grasas saturadas con los últimos dos grupos de alimentos.
Estudios que han evaluado el impacto de alimentos y no de macronutrientes, sobre la enfermedad coronaria, han observado que el consumo de mantequilla no parece asociarse con cardiopatía coronaria. La sustitución de grasa láctea por grasa vegetal y grasa poliinsaturada o por cereales integrales parece disminuir el riesgo de cardiopatía, y el consumo de otras grasas animales parece aumentar el riesgo. Al evaluar el consumo de mantequilla sobre el de queso o aceite de oliva, se ha visto que la mantequilla puede elevar en mayor medida el C-LDL.
Colesterol dietario y riesgo de ECV

El tema de establecer una ingesta límite del consumo de colesterol ha sido controversial, ya que algunos autores señalan la necesidad de disminuir el consumo excesivo en la población y otros, por su parte, mencionan que no es un nutriente de interés y que no existe evidencia de que una disminución en su consumo pueda a su vez disminuir los niveles de C-LDL. Esta controversia también se debe a las observaciones sobre los efectos no lineales del consumo de colesterol sobre los niveles de lípidos séricos.
Un metanalisis realizado en 2015 con 17 estudios de intervención mostró que el consumo de 501-900 mg/día aumentó significativamente el colesterol total y el C-LDL; sin diferencias significativas en consumos mayores a 900 mg/día. Otro metanalisis realizado por Berger y colaboradores observó un aumento de 2.17 en el colesterol total, 1.93 en el C-LDL y 0.31 en el C-HDL, esto con cada aumento de 100 mg/día en el consumo de colesterol. Los estudios que evalúan la asociación entre el consumo de colesterol y ECV presentan limitaciones debido a la falta de ajuste en el consumo de grasas.
El consumo de huevo -fuente de colesterol-, es otro tema controversial. Un metanalis del 2016 comparó el consumo de un huevo diario contra el consumo ocasional (<2 semanas), y no encontró un aumento en el riesgo de cardiopatía coronaria, pero si una disminución en el riesgo de accidente cerebrovascular. Un estudio que incluía el consumo de hasta 3,5 huevos por semana también encontró una reducción en el riesgo de accidente cerebrovascular. En general, no se ha observado una asociación entre el consumo de huevo y la ECV.
Sodio y riesgo de ECV

La guía para reducir el riesgo cardiovascular de AHA y ACC, señala la sólida evidencia de la disminución en el consumo de sodio para disminuir los niveles de presión arterial. Estos efectos se han observado en revisiones como la de Cochrane con 185 ensayos aleatorios. Un metanalisis con ensayos controlados aleatorios mostró que una disminución de 2300 mg/día de sodio disminuyó la presión arterial sistólica en 5.8 mmHg. El consumo mundial de sodio es de aproximadamente 3950 mg/día.
Recomendaciones para desarrollar orientaciones alimentarias
Aunque existe evidencia de la asociación entre el consumo de grasas saturadas, sodio y colesterol con el riesgo de ECV, presentar las pautas dietéticas en base a la cantidad recomendada de estos nutrientes puede resultar confusa para la población. El presentar los alimentos que cumplan con ese objetivo de nutrientes podría ser una opción más fácil de entender y de seguir.
Si desea consultar la revisión completa, acceda al siguiente link:
https://www.researchgate.net/publication/322800720_Nutrition_and_Cardiovascular_Disease-an_Update
