
La obesidad pediátrica en América Latina representa un creciente problema de salud pública. Es preocupante ya que la obesidad se asocia con complicaciones metabólicas como dislipidemia, hipertensión y alteración de la tolerancia a la glucosa, además de que aumenta el riesgo de presentar enfermedad cardiovascular (ECV) y diabetes tipo 2.
La reducción en el consumo de azúcares añadidos, particularmente el proveniente de bebidas azucaradas, se ha relacionado con mejoras en el perfil metabólico de niños y adolescentes. Se han visto efectos positivos de la reducción sobre la tolerancia a la glucosa, la sensibilidad a la insulina, la presión arterial y sobre la disminución del riesgo cardiovascular.
Un estudio realizado en niños brasileños de entre 9 y 12 años mostró que la educación nutricional, con énfasis en la reducción del consumo de bebidas azucaradas, logró una disminución de los niveles de glucosa en ayunas y de colesterol total, en comparación con los niños que no recibieron educación nutricional.
En un estudio piloto con 16 participantes latinas, a las que se les asesoró para que consumieran menos del 10% de las calorías provenientes de azúcar y para que aumentaran el consumo de fibra (14 g/1000 kcal), se observó que las intervenciones lograron disminuir el área bajo la curva de insulina, a través de una prueba de tolerancia oral a la glucosa de 3 horas.
Un estudio de intervención donde se buscaba disminuir el consumo de azúcar a menos del 10% de las calorías totales y donde se entregaron botellas de agua a domicilio para disminuir el consumo de bebidas azucaradas, no mostró diferencias significativas en la tolerancia a la glucosa y sus determinantes, lípidos séricos en ayunas, presión arterial, ni marcadores inflamatorios entre el grupo de intervención y el grupo control.
Los resultados mencionados anteriormente se asocian a que no hubo gran diferencia entre la reducción del consumo de azúcar en el grupo de intervención respecto al grupo control, ya que la diferencia fue del 3% de las calorías totales. Al realizar un análisis más específico, se observó que los adolescentes que disminuyeron con éxito su consumo de azúcar tuvieron una mejora del 23% en las células beta, en comparación con 9% del grupo que no hizo reducción.
Aunque se han observado efectos positivos en la mayoría de los estudios de intervención que buscan disminuir el consumo de azúcar añadida, falta evidencia sobre cuál es la mejor intervención para lograr reducciones significativas y sostenibles en el consumo de azúcar en la población pediátrica.
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