Una correcta función cardíaca permite satisfacer las necesidades homeostáticas del cuerpo, incluyendo la perfusión de órganos, la oxigenación y el suministro de nutrientes. Recientemente han surgido investigaciones sobre el papel que desempeña el consumo de fructosa en la función cardíaca, aunque muy pocas han sido en humanos.
Para asegurar una función cardíaca adecuada se miden algunos parámetros como la frecuencia cardíaca, la presión arterial y el nivel de glucosa en sangre, los cuales pueden ser afectados por factores como las hormonas, el medio ambiente y la alimentación, considerándose este último un factor modificable.
El consumo de fructosa en la población mundial ha aumentado considerablemente, con la incorporación de jarabe de maíz de alta fructosa en 1970, ingrediente presente en muchos productos ultraprocesados. Se han propuesto algunas razones para explicar porqué las dietas ricas en fructosa pueden aumentar la presión arterial, estás son:
- Aumento del estrés oxidativo
- Excitación del sistema nervioso simpático
- Desregulación de los vasoconstrictores y vasodilatadores
- Activación del sistema renina-angiotensina-aldosterona.

El consumo excesivo de fructosa también se ha relacionado con la aparición de obesidad, esteatosis hepática no alcohólica y resistencia a la insulina. El consumo de fructosa puede reducirse fácilmente disminuyendo el consumo de alimentos ultraprocesados ricos en fructosa como refrescos, jugos, dulces y panes.
Es importante aclarar que la fructosa presente de forma natural en las frutas y otros alimentos naturales no provoca los mismos efectos, ya que se acompaña de otros nutrientes como fibra, antioxidantes, vitaminas y minerales. Los efectos negativos son provocados por el consumo de fructosa añadida.
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