
La tiroiditis de Hashimoto es una enfermedad tiroidea autoinmune que se origina por una serie de factores como la genética, el ambiente (infecciones pasadas, medicamentos y tabaquismo) y los niveles de micronutrientes como yodo, hierro y selenio. La enfermedad no tiene cura y comúnmente se trata con levotiroxina y reemplazo de hormonas tiroideas en caso de destrucción linfocitaria de la glándula tiroides.
Diversos estudios han mostrado que algunas intervenciones, como los cambios en la dieta, el manejo del estrés y la suplementación, especialmente de vitamina D, pueden mejorar los resultados inmunológicos y clínicos en personas con este diagnóstico. La forma más eficiente de obtener la vitamina D es a través de la exposición solar, pero también se puede obtener del consumo de pescado graso, yema de huevo, productos lácteos y cereales.
Un estudio realizado por Ruy y colaboradores y publicado en el año 2021, mostró 4 posibles mecanismos por los que la vitamina D puede inhibir el proceso inmunitario en la tiroiditis de Hashimoto. Uno de ellos es la prevención de la activación de células T dependientes de células dendríticas, ya que la mayoría de los subconjuntos de estas células tienen receptores de vitamina D en su superficie.
Algunos estudios que incluyen revisiones sistemáticas y metanálisis han mostrado una relación entre los bajos niveles de vitamina D y la aparición de tiroiditis de Hashimoto. Las personas con la enfermedad también presentan a menudo niveles bajos de la vitamina. También se ha observado que los niveles séricos de vitamina D se relacionan con la gravedad del hipotiroidismo y la prevalencia de deterioro cognitivo leve.
En un estudio donde se dieron suplementos de vitamina D (2000-4000 UI) en poblaciones con tiroiditis de Hashimoto, se observó que disminuyeron los niveles de anticuerpos antitiroideos. La suplementación en la mayoría de los estudios ha sido de aproximadamente 3 meses y han logrado llevar los niveles séricos de vitamina D a valores normales (30 ng/ml).
Referencias:
