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Se analiza el impacto de la dieta occidental sobre el metabolismo y la salud

Se analiza el impacto de la dieta occidental sobre el metabolismo y la salud

Con la llegada de la agricultura, la ganadería y la industrialización, la forma de alimentación de los seres humanos ha dado un giro radical. Se pasó del consumo de animales y plantas silvestres mínimamente procesados, hasta el consumo de lácteos, cereales, azúcares refinados, aceites vegetales refinados y alcohol, lo que representa aproximadamente el 72.1% de la energía total. Lo anterior, agregando el consumo de carnes rojas, productos ultraprocesados como galletas, pasteles y bocadillos;  y el bajo consumo de frutas, verduras, cereales integrales y frutos secos, define a la dieta occidental. 

Esos cambios en la alimentación y en el estilo de vida han favorecido la aparición de padecimientos como obesidad, diabetes y enfermedades del corazón. En Estados Unidos, aproximadamente el 65% de las personas mayores de 20 años viven con sobrepeso u obesidad, más de 64 millones con enfermedad cardiovascular, 50 millones con hipertensión arterial, 11 millones con diabetes tipo 2 y 37 millones de personas con niveles elevados de colesterol. De las mujeres mayores de 50 años, aproximadamente 7.2% de ellas tienen osteoporosis y el 39.6% tiene osteopenia. 

El consumo de los alimentos que forman parte de la dieta occidental puede condicionar la expresión génica y la epigenética, al alterar la disponibilidad de nutrientes, el suministro de cofactores, los niveles hormonales, las señales ambientales, las vías de señalización celular, los factores de transcripción, la estructura de la cromatina, la metilación del ADN, la modificación de histonas, la regulación de microARN, los bucles de retroalimentación, las variantes genéticas, los genes, las interacciones ambientales, los efectos intergeneracionales y los efectos transgeneracionales. 

La dieta occidental también puede contribuir a aumentar el estrés oxidativo debido a la falta de alimentos antioxidantes y a que es rica en compuestos prooxidantes. El desequilibrio que provoca la falta de defensas antioxidantes puede provocar lesiones en las moléculas que conforman los lípidos, proteínas y ácidos nucleicos. El cuerpo es capaz de producir enzimas antioxidantes como el glutatión y ubiquinol, y de los alimentos, los antioxidantes más importantes son la vitamina E, la vitamina C y el betacaroteno, que se pueden obtener al consumir frutas, verduras, cereales integrales y frutos secos. 

El consumo de grasas saturadas, alimentos ultraprocesados y azúcares refinados contribuyen a la presencia de inflamación crónica de bajo grado. Esta inflamación compromete al sistema inmunológico y favorece el desarrollo de enfermedades crónicas. El consumo de carnes rojas y de cereales refinados puede aumentar los niveles de proteína C reactiva, un marcador de inflamación muy conocido, además de Interleucina-6 y factor de necrosis tumoral alfa. El estrés oxidativo es otro factor que contribuye al desarrollo de inflamación, favorecido principalmente por el consumo de grasas saturadas y trans.

El consumo excesivo de carnes procesadas, característica de la dieta occidental, aumenta la población de Bacteroides, Alistipes y Bilophila en la microbiota, los cuales se relacionan con la aterogénesis. La relación que existe entre Firmicutes y Bacteroidetes se considera como un marcador de obesidad, al mismo tiempo que se relaciona con la dieta occidental. Los cambios en la composición de la microbiota pueden alterar el perfil metabólico y la salud de la persona. Los tipos de alimentos que consumimos son un factor clave para determinar qué tipo de microorganismos habitan en nuestro intestino. 

La dieta occidental, al conformarse principalmente por alimentos procesados y ultraprocesados, y al ser deficiente en alimentos ricos en fibra, vitaminas, minerales y antioxidantes, se relaciona con el desarrollo de inflamación sistémica y estrés oxidativo, lo que lleva a la aparición de enfermedades crónico degenerativas que son causa de discapacidad y muerte. Existe evidencia de que la adopción de hábitos alimenticios y de estilo de vida con características más cercanas a las que se tenían en el pasado pueden contribuir a disminuir el riesgo de estas enfermedades y a mejorar la salud en general.

Referencia:

https://www.mdpi.com/2072-6643/15/12/2749


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