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Guía OMS: Alimentación complementaria de lactantes y niños pequeños de 6 a 23 meses de edad

La alimentación complementaria es aquella que se ofrece generalmente a partir de los 6 meses de edad, momento en que la leche materna o bien la fórmula láctea es insuficiente para satisfacer todas las necesidades nutricionales del bebé. La alimentación complementaria generalmente se extiende hasta los 23 meses de edad, recomendando que junto con ella se continúe con la lactancia materna. 

De presentarse desnutrición en los primeros 6 meses de vida se presenta crecimiento deficiente; retraso en el desarrollo motor, cognitivo y socioemocional; alto riesgo de morbilidad y mortalidad y mayor riesgo de enfermedades no transmisibles. A largo plazo es responsable de disminuir la capacidad laboral y la capacidad reproductiva en niñas.

Cuando la alimentación complementaria es inadecuada, además de desnutrición, también puede provocar sobrepeso, obesidad, diabetes tipo 2 y discapacidad en la adultez. La presente guía, publicada por la OMS en 2023, es una actualización de dos guías publicadas en 2003 y 2005 que abordan los principios de la alimentación complementaria. 

Es importante recalcar que cada niño debe ser evaluado de forma individual para detectar desnutrición, deficiencias nutricionales, sobrepeso, obesidad y otras enfermedades, y que las recomendaciones de esta guía están dirigidas a niños sanos que reciben o no lactancia materna, y no a bebés prematuros y con bajo peso al nacer

Recomendación 1:

La lactancia materna debe continuar hasta los 2 años o más. (Evidencia fuerte y de muy baja certeza). 

La leche materna provee gran parte de los nutrientes necesarios para el niño durante el segundo año de vida, como energía, proteínas, ácidos grasos esenciales (ácido docosahexaenoico y ácido alfa linolénico), vitamina A, calcio y riboflavina. Entre los 15 y los 18 meses de vida, la leche materna proporciona aproximadamente el 70% de las vitaminas necesarias. También proporciona otras sustancias no nutritivas, como inmunoglobulinas, hormonas, proteínas, oligosacáridos, péptidos antimicrobianos, citocinas, micro ARN y bacterias comensales que confieren inmunidad al niño, lo cual es especialmente importante en entornos poco higiénicos. 

La evidencia sugiere que continuar con la lactancia materna durante el segundo año, en comparación con no hacerlo, se asocia con un menor riesgo de gastroenteritis aguda e infecciones del tracto respiratorio, con un nivel más alto de vitamina D y con un IMC un poco más bajo en niños y adolescentes. 

Para lograr la continuación de la lactancia materna se necesita un entorno adecuado, apoyar con salas de lactancia y guarderías en los lugares de trabajo de las mujeres que amamantan y horarios de trabajo flexibles. Es importante también que las mujeres reciban asesoría, por parte de los profesionales de la salud, para enfrentar las dudas que puedan surgir sobre la publicidad engañosa que provenga de fabricantes y distribuidores de sucedáneos de la leche materna. 

Recomendación 2:

  1. En niños de 6 a 11 meses que no pueden alimentarse con leche materna, se puede hacer uso de fórmula láctea o leche de origen animal (Evidencia condicional y de baja certeza).
  2. En niños de 12 a 23 meses que no pueden alimentarse con leche materna, se puede hacer uso de leche animal. No se recomiendan fórmulas lácteas (Evidencia condicional y de baja certeza). 

Las fórmulas lácteas pueden ayudar a cubrir el requerimiento de nutrientes cuando no sea posible brindar lactancia materna. Los tipos de leche de origen animal que pueden usarse incluyen leche pasteurizada, evaporada reconstituida (no condensada), fermentada o yogurt. 

En el caso de los bebés de 6 a 11 meses de edad que se alimentan con leche animal (fuente importante de proteínas, calcio, riboflavina, potasio, fósforo, magnesio y zinc), deben usar leche hervida. Es importante asegurar el correcto almacenamiento y manipulación de la leche y evitar bebidas vegetales, ya que carecen de algunos nutrientes. 

El consumo de leche de vaca en la infancia se ha asociado con pérdida de sangre gastrointestinal, anemia por deficiencia de hierro y mayor carga de soluto en los riñones, aunque la evidencia es controversial. La deficiencia de hierro se puede evitar con el uso de suplementos de hierro o alimentos complementarios ricos en hierro. 

Algunos países recomiendan que se opte por leche entera hasta los 24 meses de edad y después de ese periodo por leche baja en grasa. Se recomienda sustituir el consumo de ácidos grasos saturados por poliinsaturados y que la ingesta de ácidos grasos saturados no represente más del 10% de la energía total (Evidencia fuerte).

Recomendación 3: 

La alimentación complementaria debe introducirse a partir de los 6 meses, mientras se continúa con la lactancia materna (Evidencia fuerte y de baja certeza). 

Es importante considerar que la alimentación complementaria puede iniciarse antes en algunos bebés. Los estudios muestran que antes de los 4 meses pueden existir riesgos (enfermedades gastrointestinales y preparación de desarrollo inadecuada), los que no se han visto cuando la alimentación complementaria inicia alrededor de los 6 meses. 

La introducción tardía se ha relacionado con riesgo de alergias alimentarias y afectación en la aceptación de sabores y texturas. Los bebés prematuros o aquellos que nacieron con bajo peso tienen riesgo de sufrir deficiencia de hierro; en el caso de poblaciones de alto riesgo los alimentos enriquecidos pueden no ser suficientes para prevenir la anemia. 

Recomendación 4:

La alimentación complementaria debe ser variada.

  1. Agregar diariamente alimentos de origen animal, como carne, pescado y huevos (Evidencia sólida y de baja certeza). 
  2. Agregar diariamente frutas y verduras (Evidencia fuerte y de baja certeza). 
  3. Agregar frecuentemente leguminosas, nueces y semillas, especialmente cuando exista una limitación para consumir carne, pescado, huevos y verduras (Evidencia condicional y de muy baja certeza). 

Una dieta que no es diversa aumenta el riesgo de deficiencia de micronutrientes y limita la exposición de los niños a diferentes sabores y texturas. La combinación de alimentos puede facilitar la absorción de algunos nutrientes, por ejemplo, los alimentos ricos en vitamina C mejoran la absorción de hierro no hemo. 

La OMS y la UNICEF recomiendan 8 grupos de alimentos clave: leche materna; alimentos cárnicos; lácteos; huevos; leguminosas y frutos secos; frutas y verduras ricas en vitamina A; otras frutas y verduras, y granos, raíces y tubérculos. La diversidad dietética se puede lograr con el consumo de 5 de los 8 grupos mencionados. 

Los huevos son una buena fuente de colina, nutriente importante para el desarrollo del cerebro, además contribuyen al consumo de proteína, selenio, vitamina B12, potasio y riboflavina. Las frutas y las verduras proporcionan vitamina A y C, potasio, folato, fitoquímicos y fibra. Las legumbres, frutos secos y semillas son fuente de proteína, grasas saludables, fibra, minerales como potasio, calcio, hierro y zinc, y vitaminas del complejo B.

Los cereales son ricos en proteínas, fibra y micronutrientes, si se agregan a la dieta, se deben preferir los integrales a los refinados. Además, los cereales contienen fitatos, los cuales interfieren con la absorción de nutrientes. Las legumbres, nueces y semillas se deben proporcionar de tal forma que no representen riesgo de asfixia. 

Se recomienda preferir alimentos de origen animal sobre los alimentos con almidón (trigo, maíz, arroz, papa), ya que son una mejor fuente de proteína y de nutrientes críticos como hierro, zinc y vitamina B12. La absorción de hierro hemo, presente en productos de origen animal, es el doble que la del hierro no hemo, presente en productos vegetales.

El consumo de carne roja ha sido controversial por no formar parte de los sistemas alimentarios sostenibles, pero los niños pequeños tienen necesidades especiales. La carne es buena fuente de zinc, hierro y vitamina B12 y considerando que los niños tienen una baja capacidad gástrica, su pequeño consumo no representa gran problema para la agricultura sostenible. 

Recomendación 5:

  1. No agregar alimentos ricos en azúcar, sal y grasas trans (Evidencia sólida y de baja certeza). 
  2. No agregar bebidas azucaradas (Evidencia fuerte y de baja certeza).
  3. No agregar edulcorantes (Evidencia fuerte y de muy baja certeza).
  4. Limitar el consumo de zumo 100% de fruta (Evidencia condicional y de baja certeza). 

Aunque se sabe que el jugo de frutas aporta vitaminas, también es verdad que tiene un alto contenido de azúcares libres. Se recomienda reducir el consumo de azúcares libres a menos del 10% del consumo energético total, de preferencia que sea menos del 5%, para evitar el desarrollo de desnutrición, sobrepeso y enfermedades metabólicas. Se recomienda evitar el consumo de bebidas con bajo valor nutritivo, como té, café y bebidas azucaradas. 

Para llevar a cabo las acciones mencionadas anteriormente, es importante la implementación de acciones como el etiquetado frontal y las prácticas de marketing, que consideren los requerimientos nutricionales de los niños pequeños. Es importante que los padres y cuidadores conozcan los riesgos a corto y largo plazo de los alimentos ricos en azúcar, sal, grasas trans, edulcorantes y bebidas azucaradas. 

Recomendación 6: 

El uso de suplementos y productos enriquecidos puede ser necesario cuando no se cumplen las recomendaciones nutricionales con alimentos no enriquecidos. 

  1. Los polvos de micronutrientes múltiples son una buena opción para cubrir el requerimiento de vitaminas y minerales sin desplazar alimentos de la dieta (Evidencia de moderada certeza, depende del contexto).
  2. En los niños que ya consumen productos procesados a base de cereales, el enriquecimiento puede ayudar a mejorar el consumo de micronutrientes, aunque no se debe motivar su consumo (Evidencia de moderada certeza, depende del contexto).
  3. Los suplementos nutricionales de lípidos en pequeñas cantidades pueden ayudar en poblaciones con deficiencias importantes (Evidencia de alta certeza, depende del contexto). 

Los polvos de micronutrientes contienen entre 3 y 22 vitaminas y minerales, generalmente hierro, vitamina A y zinc. Los suplementos nutricionales a bases de lípidos en pequeñas cantidades proporcionan múltiples micronutrientes, proteínas y ácidos grasos esenciales, nutrientes necesarios para prevenir la desnutrición en poblaciones vulnerables. 

La primera opción para cubrir los requerimientos de los niños pequeños siempre debe ser la lactancia materna y una dieta variada. Las recomendaciones mencionadas deben ir acompañadas de información y apoyo para reforzar las prácticas óptimas de alimentación. Ninguno de los productos mencionados debe sustituir a una dieta correcta. 

Recomendación 7:

Se debe promover una alimentación receptiva, la cual se define como “prácticas de alimentación que alientan al niño a comer de forma autónoma y en respuesta a necesidades fisiológicas y de desarrollo, lo que puede fomentar la autorregulación en la alimentación y apoyar el desarrollo cognitivo, emocional y social” (Evidencia fuerte y de baja certeza). 

La alimentación receptiva se compone de 3 pasos: primero el niño expresa hambre y saciedad a través de acciones motoras, expresiones faciales o vocalizaciones; en segundo lugar la persona cuidadora reconoce las señales y brinda apoyo emocional; finalmente el niño recibe una respuesta a sus señales. Esto ayuda a que la alimentación no sea insuficiente ni excesiva. 

Para lograr la alimentación receptiva, el personal de la salud debe estar capacitado para orientar a los padres y cuidadores. Se requiere tiempo para supervisar la alimentación del niño y recursos para que la pérdida de alimentos durante la alimentación no sea un problema. 

Conclusión

La evidencia para muchas de las recomendaciones es limitada. Se necesitan más investigaciones que consideren el uso de protocolos de investigación similares (grupo de edad, técnicas de medición, resultados) y que se realicen en diferentes grupos poblacionales y en diferentes regiones del mundo. 

Examen de conocimiento

  1. ¿A partir de qué edad es recomendable empezar la alimentación complementaria en la mayoría de los niños?
  • a) 1 año y 6 meses
  • b) 1 año
  • c) 6 meses

2. ¿Hasta qué edad es recomendable continuar con la lactancia materna?

  • a) 6 meses
  • b) 1 año
  • c) 2 años

3. Durante los primeros 6 meses la leche materna es suficiente para cubrir las necesidades nutricionales del bebé

  • a) Cierto
  • b) Falso

4. ¿Cual es la función de las sustancias no nutritivas presentes en la leche materna?

  • a) Provocar enfermedades 
  • b) Conferir inmunidad 
  • c) Aumentar la absorción de las vitaminas

5. ¿Qué tipo de leche se recomienda usar cuando no es posible brindar lactancia materna?

  • a) Leche animal
  • b) Leche vegetal
  • c) Leche condensada

6. ¿Qué se ha relacionado con la introducción tardía de la alimentación complementaria?

  • a) Mayor riesgo de problemas respiratorios
  • b) Mayor riesgo de alergias alimentarias
  • c) Enfermedades gastrointestinales

7. ¿Cuál es una de las razones por la que se deben preferir los alimentos de origen animal sobre los alimentos vegetales con almidón?

  • a) Porque son mejor fuente de carbohidratos
  • b) Porque son mejor fuente de grasas
  • c) Porque son mejor fuente de proteína 

8. ¿Qué bebidas se recomienda evitar en niños pequeños, por su bajo valor nutritivo?

  • a) Té, café y bebidas azucaradas 
  • b) Atole, chocolate y leche animal
  • c) Agua

9. ¿Cuál es la primera opción para cubrir los requerimientos nutricionales del niño pequeño?

  • a) Polvos de micronutrientes múltiples
  • b) Dieta variada
  • c) Suplementos nutricionales a base de lípidos

10. ¿Cuál es una de los objetivos de la alimentación receptiva?

  • a) Fomentar la autorregulación en la alimentación 
  • b) Aumentar el consumo de alimentos
  • c) Mejorar las acciones motoras
  1. c); 2. c); 3. a); 4. b); 5. a); 6. b); 7. c); 8. a); 9. b); 10. a)


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