Recientes estudios han sugerido que las alteraciones en la función de las mitocondrias favorece el desarrollo de enfermedades como diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, síndrome metabólico, cáncer y enfermedad de Alzheimer. A pesar de esto, la etiología y patogénesis de la disfunción mitocondrial sigue sin conocerse a profundidad.
Las mitocondrias son organelos que se encuentran en la célula eucariota, cuya función principal es la de producir energía a través de la oxidación de diferentes metabolitos. Están conformadas por dos membranas, una interna y una externa. La externa es una bicapa lipídica que protege a la mitocondria del exterior; en la interna se encuentra DNA, RNA y los mecanismos que permiten la producción de ATP.

En reposo, los carbohidratos, ácidos grasos y algunos aminoácidos se transportan a la mitocondria para oxidarse y producir ATP. En las mitocondrias también se producen las especies reactivas de oxígeno, que en situaciones normales participan en la homeostasis celular, actuando como moléculas de señalización; cuando se producen en exceso contribuyen al daño celular.
La disfunción mitocondrial, que puede ocurrir por mutaciones en el ADN mitocondrial, infecciones, envejecimiento y falta de actividad física, afecta a la bioenergética celular y a la homeostasis celular. El único factor modificable es la falta de actividad física, por lo que esta podría ser la única intervención para mejorar la función mitocondrial y por ende las enfermedades y la salud metabólica en general.
Un estudio mostró que después de doce semanas de entrenamiento de resistencia (5 días a la semana), se aumentó el número de enzimas mitocondriales al doble y las proteínas en un 60% en los participantes. El ejercicio puede aumentar el contenido mitocondrial, la actividad transcripcional de las proteínas mitocondriales y disminuir la producción de especies reactivas de oxígeno.

Diabetes tipo 2
La disfunción mitocondrial del músculo esquelético se ha relacionado con la resistencia a la insulina. Se ha observado que las personas diagnosticadas con esta enfermedad presentan una disminución del contenido mitocondrial, lo que disminuye la capacidad para oxidar carbohidratos y grasas, favoreciendo la acumulación de lípidos en el músculo esquelético y la resistencia a la insulina.
Los estudios resaltan la importancia de la prescripción del ejercicio físico para la prevención y el tratamiento de las enfermedades crónico degenerativas. Se ha observado que la dieta y la pérdida de peso por sí solas no logran estimular la capacidad mitocondrial, algo que si logra la combinación de dieta más ejercicio.
Referencias:
https://www.medigraphic.com/pdfs/arcneu/ane-2010/ane101i.pdf
