La esteatosis hepática no alcohólica (NAFLD por sus siglas en inglés), que también se conoce como hígado graso no alcohólico, existe cuando más del 5% de los hepatocitos presentan una acumulación de triglicéridos en su citoplasma y cuando, además, la persona diagnosticada no consume alcohol en cantidades excesivas, no reporta el uso de medicamentos hepatotóxicos y no presenta ninguna infección viral o alguna otra enfermedad hepática.
Debido a que esta enfermedad generalmente no causa síntomas, el diagnóstico y el correcto tratamiento se ve retrasado en la mayoría de los casos. Esto también causa que no se reporten cifras exactas de incidencia, prevalencia y mortalidad, y que, como consecuencia, no se le dé la debida importancia. Es importante conocer los factores de riesgo, para que, en caso de presentarlos, se acuda lo más pronto posible a una valoración médica.

¿Por qué es importante el diagnóstico y el tratamiento? Porque aunque no se presenten síntomas, cuando la NAFLD no se trata, existe el riesgo de que con el tiempo progrese hasta cirrosis o cáncer de hígado. Existen ciertas enfermedades relacionadas con la esteatosis hepática no alcohólica; como obesidad, resistencia a la insulina y síndrome metabólico, todas ellas relacionadas a su vez con el estilo de vida.
Afortunadamente, no todo el panorama es desalentador. Diversos estudios han mostrado la eficacia de los cambios en el estilo de vida para lograr la reversión de la enfermedad. La mayoría de los estudios se enfocan en la implementación de una dieta mediterránea, el ejercicio físico, la reducción del consumo de azúcar agregada -especialmente de fructosa- y una dieta baja en grasas o en carbohidratos.
Existe evidencia de que la dieta mediterránea (que se caracteriza por un alto consumo de vegetales, frutas, cereales, nueces, leguminosas y grasas insaturadas como el aceite de oliva; un consumo moderado de pescado, lácteos y vino, y un bajo consumo de grasas saturadas, carnes y azucares) puede mejorar los niveles de lípidos intrahepaticos y la resistencia a la insulina.

Efectos similares se han observado cuando se siguen las recomendaciones de actividad física. La recomendación dada por diferentes instituciones que trabajan con enfermedades del hígado, diabetes y obesidad, es la de realizar de 150 a 200 minutos de actividad física aeróbica de intensidad moderada a la semana. Incluso una mínima cantidad de actividad física puede reducir en un 6% el riesgo de NAFLD, frente a un comportamiento sedentario.
Aunque comúnmente se relaciona el consumo de ácidos grasos saturados y trans con la esteatosis hepática, el consumo de azúcares añadidos como la fructosa también es un factor importante en el desarrollo de la enfermedad. Una vez que se consume la fructosa, más del 80% se metaboliza en el hígado, estimulando la producción de triglicéridos hepáticos. Esta fructosa añadida se puede encontrar en productos ultraprocesados, como las bebidas azucaradas.
Las dietas hipocaloricas con bajo porcentaje de grasa y las dietas hipocaloricas con bajo porcentaje de carbohidratos tambien han demostrado efectos positivos, como disminución en el grado de esteatosis hepatica y reducciones significativas en los niveles de enzimas hepáticas en suero, al compararse con dietas solamente hipocaloricas.
Referencias:
- https://www.medigraphic.com/cgi-bin/new/resumen.cgi?IDARTICULO=93885
- https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2255534X18301488
- https://www.mdpi.com/2072-6643/13/1/66
- https://academic.oup.com/nutritionreviews/article/79/12/1321/6122843
- https://www.mdpi.com/2072-6643/14/14/2846
- https://jamanetwork.com/journals/jamanetworkopen/article-abstract/2790045
- https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/jgh.15363?casa_token=cLJ6nSXVJ7gAAAAA%3AVcSxKBsS13ytEXRvFwYteLYTAqgP7oRo2Cb9SViEOnKRXA9-G7lSeg16Saomjt-6vZA_7SA8qbW7CGA
- https://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/ijpo.12630
- https://www.mdpi.com/2072-6643/13/1/15
