La vitamina D, a pesar de ser comúnmente conocida por la homeostasis del calcio oseo, también participa en la proliferación y diferenciación celular, la respuesta inmune y la inflamación. En el cerebro, actúa como una molécula neuroprotectora al inhibir procesos como el estrés oxidativo, inflamación y formación y agregación de proteínas patógenas.
La deficiencia de vitamina D se ha relacionado con mayor riesgo de enfermedades neurodegenerativas como la enfermedad de Parkinson (EP), la enfermedad de Alzheimer (EA), la esclerosis múltiple (EM), la enfermedad de Huntington (EH), los trastornos cognitivos y la demencia. La suficiencia de vitamina D puede mejorar el pronostico.
Existe un debate respecto a si la inflamación es la causa o consecuencia de la neurodegeneración. Sin embargo, está claro que se debe limitar el ciclo neuroinflamatorio lo más rápido posible, antes de que aparezcan los signos clínicos. Los tratamientos disponibles actualmente para enfermedades neurodegenerativas incluyen fármacos antiinflamatorios y antioxidantes.
La práctica regular de ejercicio físico (EF) se ha relacionado con retraso en el deterioro cognitivo relacionado con el envejecimiento, debido a su efecto en la mejora del flujo sanguíneo, que al mejorar el flujo cerebral favorece la plasticidad neuronal. En la EP, puede aumentar el volumen de materia gris y elevar el nivel de factores neurotróficos.
El EF puede disminuir el nivel de citocinas proinflamatorias, incluidas las presentes en el sistema nervioso central (SNC). Esto se debe a la regulación del EF sobre las células inmunes, conocido como «inmunología del ejercicio», pero también depende de las mioquinas (moléculas liberadas por el músculo esquelético) que tienen efectos antiinflamatorios y reguladores.
La investigación actual muestra que la mayoría de las mioquinas que son capaces de cruzar la barrera hematoencefálica son sustentadas por la vitamina D. Además, la presencia de vitamina D favorece el aumento de irisina (hormona que actúa sobre las células adiposas) y de IL-6 (glucoproteína que regula la respuesta inflamatoria).
Se ha observado que el EF regular puede mejorar la expresión del receptor de vitamina D (VDR) en regiones como el hipocampo y la corteza prefrontal, favoreciendo un circulo neuroprotector saludable. Tanto la vitamina D como el EF actúan sobre el regulador de las respuestas inflamatorias (NF-κB).
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