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Endoxotemia metabólica

El término de «Endotoxemia metabólica» se mencionó por primera vez en un estudio publicado por Cani y colaboradores en 2007, dónde se asociaba con la obesidad y la resistencia a la insulina. Cani observó que los ratones con una dieta alta en grasas tenían aproximadamente el doble de lipopolisacáridos (LPS) en plasma que los controles.

Los LPS, también conocidos como endotoxinas, se encuentran en la membrana externa de las bacterias Gram negativas. Se transportan en la sangre a través de la proteína de unión a lipopolisacáridos (LBP) y favorecen la síntesis de moléculas proinflamatorias y la respuesta inmunitaria innata contra las bacterias invasoras.

Existe la hipotesis de que los LPS del intestino pueden viajar a otros rincones del cuerpo, como al tejido adiposo o al cerebro, aún cuando existen muchos obstaculos para impedirlo, como las capas de moco, las enzimas desintoxicantes y moléculas neutralizadoras de LPS.

En estudios realizados en animales y humanos se ha observado que la administración de LPS por vía intravenosa o intraperitoneal provoca síntomas como fiebre, fatiga, disminución del apetito, anhedonia y aislamiento social, síntomas típicos de una infección. En dosis altas se observan cambios cardiovasculares transitorios y resistencia a la insulina.

La medición de LPS es una limitación para generar investigación en este campo, ya que se realiza a través del ensayo de lisado de amebocitos de Limulus (LAL), el cuál puede ser susceptible a la contaminación y a los falsos positivos y falsos negativos.

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