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Efectos del consumo de insectos en la salud humana y en el medio ambiente 

El consumo de insectos es común en países como África, Asia, Australia, Oceanía y América Latina, estos representan una fuente importante de proteínas de alta calidad, aminoácidos esenciales, grasas monoinsaturadas y poliinsaturadas, vitaminas y minerales. Se conocen más de 2000 especies de insectos comestibles, entre los que se incluyen escarabajos, orugas, hormigas, saltamontes, grillos, chinches, termitas, libélulas, moscas y cucarachas. 

En algunos países los insectos se usan como alimentos nutracéuticos. En Nigeria, los grillos (Brachytrupes membranaceus) se usan para promover el desarrollo mental. En Asia, el escarabajo chino (Ulomoides dermestoides) se consume como una alternativa para el tratamiento de asma, artritis y tuberculosis. En Brasil e India, algunas especies de cucarachas y hormigas se usan para tratar el asma. 

A comparación del consumo de carne, el consumo de insectos es beneficioso para el medio ambiente, ya que los insectos necesitan menos alimento, agua y uso de la tierra; y no producen tantos gases de efecto invernadero. A pesar de eso, el nivel de aceptación en muchos países sigue siendo bajo, lo que puede deberse a neofobia (miedo a probar alimentos nuevos), a la repulsión y al miedo a enfermar.

Igual que en cualquier otro tipo de alimento, el consumo puede provocar efectos biológicos, químicos y de alergia. Aunque no existen muchos estudios en humanos, el consumo de insectos se ha relacionado con alergias. Un estudio en Tailandia observó que el 14.7% de un grupo de 2500 personas mostró síntomas de alergia después del consumo y algunos estudios han mostrado que el procesamiento térmico reduce ese riesgo. 

Los insectos comestibles son un recurso subutilizado con gran potencial para ser un alimento innovador que puede ofrecer numerosos beneficios a los humanos. Por lo tanto, los insectos pueden presentar una opción alimentaria saludable, nutritiva y sostenible para los consumidores.

FAO

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