Las investigaciones sugieren que la nutrición es uno de los factores ambientales más importantes en el desarrollo estructural y funcional del cerebro humano. Se ha observado que los bebés alimentados con leche materna tienen una ligera ventaja cognitiva sobre los bebés alimentados con fórmula.
El efecto observado es independiente de las puntuaciones de inteligencia de las madres. El desarrollo neurológico infantil avanza rápidamente, por lo que existen algunos componentes críticos en esta etapa. Muchas investigaciones se han enfocado en los componentes de la leche materna, como los oligosacáridos (HMO) y los ácidos grasos poliinsaturados (PUFA).

El ácido docosahexaenoico (DHA) es uno de los PUFA más estudiados, ya que se encuentra en altas concentraciones en el lóbulo frontal y se asocia con la neurogénesis. Algunos estudios han mostrado que las fórmulas suplementadas con DHA reflejan una mayor recuperación de la memoria.
En un estudio que se realizó con bebés nacidos a término de entre 10 meses y 4 años, se observó que los que fueron alimentados con lactancia materna tenían un mayor desarrollo microestructural de la sustancia blanca en la región frontal y temporal.

En otro estudio se observó que los bebés que recibieron lactancia materna tuvieron un mayor desarrollo de mielina en un periodo de 2 años, al comparar con los alimentados con fórmula. Este efecto se atribuyó a los oligosacáridos de la leche materna, especialmente a 3′-sialilactosa y 3-fucosilactosa.
Existen algunas fórmulas adicionadas con nutrientes, como PUFAS y vitaminas. Estas han demostrado tener un efecto positivo en la mielinización a los 6,12,18 y 24 meses, al comparar con fórmulas estándar. Se ha sugerido que en ausencia de lactancia materna, estas fórmulas suplementadas pueden mejorar la maduración de la estructura neonatal.
Referencias:
