La retinopatía diabética es una de las principales complicaciones microvasculares de la diabetes, provocando pérdida de la visión. La enfermedad se divide en dos etapas principales, la retinopatía diabética no proliferativa (caracterizada por lesiones microvasculares progresivas en la retina) y la retinopatía diabética proliferativa (caracterizada por neovascularización y discapacidad visual).

Dentro de los factores de riesgo para la aparición y progresión de la retinopatía diabética, como son la hipertensión, la hiperlipidemia, la duración de la diabetes y la hiperglucemia, este último factor es crítico. Se ha demostrado que el adecuado control de los niveles de glucosa en sangre puede retrasar la aparición y progresión de la retinopatía diabética.
El consumo de carbohidratos es necesario para la producción de energía, necesaria para llevar a cabo las actividades diarias y las funciones fisiológicas normales. El consumo elevado de sacarosa, que incluye fructosa y glucosa, provocan niveles elevados de glucosa en sangre, causando hiperglucemia. Esta hiperglucemia favorece la microvasculopatía retiniana al aumentar el estrés oxidativo, la inflamación y los productos finales de glicación avanzada.
Los tratamientos para la retinopatía diabética avanzada incluyen fotocoagulación con láser, fármacos, inyección de corticosteroides y vitrectomía, tratamientos costosos, con múltiples efectos secundarios y difíciles de seguir por el paciente. Por ello, la prevención es vital para evitar estos problemas, la modificación de la dieta, centrada en disminuir el consumo de azúcar es una excelente estrategia.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda limitar el consumo de azúcar a menos del 10% del consumo energético total. Esta recomendación hace referencia a los azúcares libres (que también se conocen como azúcares añadidos), no a los azúcares naturales que se encuentran en frutas, verduras y leche.
El consumo de frutas y verduras se relaciona positivamente con menor riesgo de desarrollar retinopatía diabética. El consumo de ácidos grasos poliinsaturados, contenidos por ejemplo en pescados, puede ayudar a proteger la visión por sus efectos antiinflamatorios y antiangiogénicos. La vitamina A ha mostrado ser eficaz para proteger contra el daño retiniano inducido por hiperglucemia.
El consumo de flavonoides, presentes en una gran variedad de frutas y verduras, pueden prevenir la hipoglucemia, inhibir el estrés oxidativo y la inflamación. La fibra dietética también ha demostrado efectos positivos en la prevención de la retinopatía diabética, al ayudar en la digestión y absorción de ácidos grasos y monosacáridos. Algunos estudios han mostrado que el bajo consumo de fibra aumenta el riesgo de retinopatía.

Investigación completa:
