Siendo la obesidad un grave problema de salud pública (incluso más que el hambre), y uno de los menos atendidos a pesar de la evidencia disponible (por ejemplo guías desarrolladas por expertos), surge la necesidad de buscar nuevas estrategias que también se enfoquen en la desnutrición coexistente.
La dieta cetogénica se ha propuesto como una estrategia eficaz. Es baja en carbohidratos (50 g o 5-10%) y busca que el cuerpo entre en un estado de cetosis para que los ácidos grasos y las cetonas se utilicen como principal fuente de energía, en lugar de la glucosa. Generalmente el consumo de proteínas representa de 10-30% de la energía diaria y el de grasas de 60-80%.
Debe cuidarse la composición de la dieta, ya que el consumo de alimentos procesados bajos en carbohidratos (como bebidas carbonatadas sin azúcar, pepperoni o dulces cetogénicos) puede tener efectos negativos a largo plazo, contrario al consumo de alimentos naturales o mínimamente procesados, aunque también induzcan al estado de cetosis.
Regulación del apetito

Las dietas bajas en calorías pueden tener como efecto secundario el aumento del apetito, como una respuesta para restablecer el equilibrio energético. Para esto se recomiendan acciones como aumentar el consumo de agua y de fibra, comer más lento y elegir alimentos sólidos en lugar de líquidos.
En las dietas cetogénicas se ha observado una disminución en la secreción de grelina (la hormona del hambre), disminuyendo la sensación de hambre a pesar de la pérdida de peso. A medida que aumenta el nivel de β-hidroxibutirato (BHB) (principal cuerpo cetónico en la sangre), menor es el aumento de grelina y mayor el de los péptidos de saciedad.
Los péptidos de saciedad incluyen péptido similar al glucagón ( GLP-1) y colecistoquinina (CKK). Se ha observado que una vez que el cuerpo sale del estado de cetosis, los niveles de grelina aumentan aún más que al inicio. Al comparar con la dieta mediterránea, la DC tiene un mejor efecto en la disminución del apetito.
En la obesidad se observa resistencia tisular a la leptina (hormona de la saciedad), lo que genera la producción de más leptina.En la DC se observa una disminución de leptina, haciendo que el cuerpo sea más sensible a la hormona y que responda a una menor cantidad con una mejor respuesta de saciedad.
Pérdida de peso inicial rápida

La DC puede lograr una pérdida de peso de hasta 4.5 kg en las primeras dos semanas, esto se asocia en parte a su efecto diurético. Durante la restricción de carbohidratos se agotan las reservas de glucógeno (polímero de glucosa de reserva en los animales; la insulina promueve su síntesis y el glucagón su descomposición).
Aproximadamente 3 g de agua están unidos a 1 g de glucógeno. En solo 24 horas se agotan las reservas de glucógeno en el hígado y la de los músculos en los siguientes días (generando la pérdida de agua que estaba unida). Debido a que la disminución de la insulina puede disminuir la retención de sodio, los riñones excretan más agua.
Estabilización glucémica

Las fluctuaciones en los niveles de glucosa (ya sea hipoglucemia o hiperglucemia) influyen en las señales de hambre y saciedad. Se ha observado que la disminución en el nivel de glucosa posprandial puede aumentar el hambre y el consumo de energía.
Por la naturaleza de la dieta cetogénica (baja carga glucémica y dosis mínima de azúcares simples), se favorece el control de la hiperglucemia, al compararla con una dieta baja en grasas. Al comparar con una dieta mediterránea, la DC mostró disminución en los niveles de glucosa e insulina después de la comida.
Reducción de la resistencia a la insulina

La resistencia a la insulina se relaciona con la obesidad, a través de procesos inflamatorios, neuronales y endocrinos que disminuyen la sensibilidad de insulina en los órganos. Se ha observado que la resistencia a la insulina puede dificultar la pérdida de peso.
En un estudio que incluyó a participantes con sobrepeso u obesidad y diabetes tipo 2 se observó que la DC disminuyó en mayor medida los niveles de insulina en ayunas, al comparar con una dieta media en carbohidratos, baja en grasa y restringida en calorías. En esta última los niveles de insulina aumentaron.
Reducción de la inflamación

En la obesidad se observa una inflamación leve o moderada, pero crónica, en la que hay niveles elevados de citocinas inflamatorias como factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α), interleucina 1-beta (IL-1β) e interleucina 6 (IL-6); polarización de macrofagos y afluencia de neutrófilos al tejido adiposo.
Un metaanálisis mostró que la DC disminuye los niveles de marcadores inflamatorios, como el de TNF-α. Los niveles de IL-6 disminuyen aún más en personas con IMC > 30 kg/m², al comparar con IMC ≤ 30 kg/m². El BHB puede inhibir el inflamasoma NLRP3 (activa la respuesta inflamatoria).
Los mecanismos propuestos incluyen el estado antiinflamatorio de la cetosis, la eliminación de azúcares simples (considerados proinflamatorios), la disminución de carbohidratos totales (que se convierten en azúcares simples) y el alto consumo de omega 3 que se obtiene de una DC de alta calidad.
Contraindicaciones y efectos secundarios
A pesar de la amplia variedad de beneficios que muestran los estudios, la DC no debe recomendarse a toda la población. Las personas con enfermedades graves como pancreatitis aguda o insuficiencia hepática requieren cuidados especiales. Las personas con diabetes tipo 2 o hipertensión deben controlar las dosis de sus medicamentos (debido al efecto hipoglucemiante e hipotensor de la dieta).
Existe un periodo de adaptación, en el que se pueden presentar los siguientes síntomas: dolor de cabeza, fatiga, letargo, sensación de desmayo, poliuria, estreñimiento y náuseas. Aunque la cetoacidosis diabética y la cetosis nutricional no son lo mismo, en personas con diabetes tipo 1 existe un mayor riesgo de cetoacidosis por la adherencia a una DC.
Investigación original:
