La dieta cetogénica, definida como baja en carbohidratos y alta en grasas, induce la producción de cetonas que serán utilizadas como fuente de energía. Diversos estudios han mostrado efectos beneficiosos en el tratamiento de condiciones como la epilepsia y las enfermedades neurodegenerativas, así como en la longevidad y la obesidad.
Sin embargo, también se han reportado efectos negativos, como el aumento en el riesgo de fibrosis cardiaca en ratones. Se sugiere que el efecto, ya sea beneficioso o perjudicial, depende de la composición de la dieta y de las características del individuo (por ejemplo, la edad).
Jen y colaboradores, investigadores de la Universidad de San Antonio, Texas, demostraron que dos dietas cetogénicas diferentes favorecieron la acumulación de células senescentes (dejan de dividirse, sin morir) en ratones, independientemente de la edad.
Los ratones macho de aproximadamente 6 meses de edad fueron asignados aleatoriamente para recibir una dieta control (17% grasas, 25% proteínas y 58% carbohidratos) o una dieta cetogénica (90.5% grasas, 9.2% proteínas y 0.3% de carbohidratos) con la misma cantidad de calorías.
La composición de lípidos de las dietas cetogénicas fue diferente, basándose una en Crisco (14% saturada y 84% insaturada) y otra en manteca de cacao (60% saturada y 40% insaturada). La dieta cetogénica aumentó la proteína p21 (inhibidora del ciclo celular), debido a la señalización de p53 y a la inactivación de MDM2, provocando senescencia celular en órganos como corazón y riñones.
La acumulación de células senescentes en estos órganos puede provocar inflamación y toxicidad sistémica. Otros estudios han mostrado que una dieta cetogénica a largo plazo, por la inflamación crónica, promueve la fibrosis cardiaca y la disfunción mitocondrial. Se observó que una dieta cetogénica intermitente puede prevenir la acumulación de estas células.
Referencias:
