
El índice de masa corporal (IMC) es un indicador antropométrico que se utiliza habitualmente en el ámbito de la salud. El nutriólogo lo ha empleado para clasificar el grado de sobrepeso u obesidad del paciente y el médico como un factor para evaluar el riesgo de diversas enfermedades.
La fórmula para calcular el IMC apareció por primera vez en 1835 en la obra “ur l’homme et le développement de ses facultés. Essai d’une physique sociale” (Sobre el hombre y el desarrollo de sus facultades. Ensayo sobre una física social) escrita por el matemático Alphonse Quetelet. El documento contiene los valores mínimos y máximos del peso y la estatura de: a) niños alumnos de las escuelas de Bruselas y residentes de un hogar de huérfanos, b) adultos jóvenes estudiantes de diversos colegios y de la escuela de medicina y c) ancianos de hospicios de la ciudad. La ecuación Peso/Estatura2 propuesta en esta libro para relacionar proporciones corporales fue conocida inicialmente como Índice de Quetelet y se propuso para establecer características cuantificables del lo que se llamó «hombre normal» y no se asoció con el porcentaje de grasa corporal o con la clasificación de delgadez o de obesidad.

Alphonse Quetelet.
Fue en 1972 que el doctor Ancel Keys y sus colaboradores estudiaron como se relacionaban diversos índices históricos para determinar la independencia del peso respecto de la altura con respecto de la grasa corporal medida directamente. Los investigadores concluyeron que el índice de Quetelet guardaba una buena correlación y era el más sencillo de aplicar, además le asignaron su nombre moderno de Body Mass Index (Índice de Masa Corporal). Citando al autor «El IMC demostró ser, si no completamente satisfactorio, al menos tan bueno como cualquier otro índice de peso relativo como indicador de obesidad relativa».

Dr Ancel Keys
En 1948, la OMS reconoció a la obesidad como una enfermedad. Desde entonces han surgido controversias sobre la forma de diagnosticarla, el IMC ampliamente empleado no diferencia entre masa magra y masa grasa y no tiene en cuenta la distribución de la grasa corporal, así a personas con una gran cantidad de masa ósea o muscular, el IMC puede clasificarlas con obesidad, por lo cual se ha argumentado que no es capaz de catalogar adecuadamente y por tanto ser un indicador de riesgos de salud individual.
La obesidad se ha estudiado como factor de riesgo para otras enfermedades, más que como una enfermedad en sí misma. Esto muestra la necesidad de darle una identidad clínica precisa. Comúnmente se abordan las “comorbilidades” de la obesidad, en lugar de las propias manifestaciones clínicas. A pesar de que la definición actual no es adecuada para su uso clínico, el no identificarla como una causa directa de mala salud puede retrasar el tratamiento y la creación de políticas para su correcto abordaje.
Recientemente un grupo de 58 expertos, que representan a múltiples especialidades médicas y países, analizaron la evidencia disponible y participaron en un proceso de desarrollo de consenso sobre la definición de obesidad, obesidad preclínica y obesidad clínica y las herramientas para su diagnóstico.

La Comisión define la obesidad como «una condición caracterizada por el exceso de adiposidad, con o sin distribución o función anormal del tejido adiposo, y con causas que son multifactoriales y aún no se comprenden por completo». A la obesidad clínica como una enfermedad sistémica y crónica causada por el exceso de tejido adiposo que puede alterar la función de varios órganos y sistemas, no solamente de aquellos involucrados en la regulación metabólica.
La obesidad preclínica es diferente a la clínica porque los órganos que se ven afectados por la obesidad están preservados y puede ser un signo de otras enfermedades (como hipotiroidismo o síndrome de Cushing), efecto secundario de medicamentos, adaptación a nuevos entornos o una etapa previa a la obesidad clínica.
El comité recomienda que el IMC se utilice solo como una medida del riesgo para la salud a nivel de población, para estudios epidemiológicos o para fines de detección, en lugar de como una medida individual de la salud y que en estos casos el exceso de adiposidad se confirme mediante la medición directa de la grasa corporal, o al menos por otro criterio antropométrico (p. ej., circunferencia de la cintura, índice cintura-cadera o índice cintura-estatura). En las conclusiones añade que en personas con un IMC muy alto (es decir, >40 kg/m2), se puede asumir pragmáticamente un exceso de adiposidad y no se requiere una confirmación adicional.
Actualmente el IMC es una de las medidas más utilizadas en todo el mundo que a nivel poblacional permite identificar el riesgo de comorbilidades relacionadas con la obesidad pero es importante que todas las medidas antropométricas se realicen con métodos validados y puntos de corte tomando en cuenta la edad, sexo y etnia. Como se ha anotado el IMC no diferencia entre masa magra y masa grasa y no tiene en cuenta la distribución de la grasa corporal, pero hay disponibles enormes bases de datos con mediciones del IMC de estudios prospectivos a largo plazo que sobre todo a nivel poblacional dan valor a este índice y que es importante que se empleen para ayudar a probar nuevas formulaciones del IMC frente al estándar y a validar nuevas herramientas diagnósticas.

Referencias:
