
El embarazo puede cursar con diabetes desde un inicio cuando la paciente cuenta con un diagnóstico previo de diabetes tipo 1 o de diabetes tipo 2, o bien, la glucosa sanguínea puede descontrolarse después de la semana veinte de gestación, generalmente entre la semana 24 y la semana 28, diagnosticándose en ese caso como diabetes gestacional (DG).
La diabetes gestacional es un padecimiento caracterizado por la intolerancia a los carbohidratos con diversos grados de severidad que se reconoce por primera vez durante el embarazo y que puede o no resolverse después de éste. (NICE 2015, Standards of Medical Care in Diabetes, ADA, 2016).
La DG requiere un diagnóstico y seguimiento puntual, puesto que de otra forma pueden generarse severas complicaciones tanto para la madre como para el feto.
La regulación de la glucosa en sangre se logra por un equilibrio entre la secreción de insulina por parte de las células β pancreáticas y la sensibilidad de los tejidos a la misma. La intolerancia a la glucosa se presenta cuando existe una disminución de la sensibilidad a la insulina en los tejidos (resistencia a la insulina) y/o una disminución de la producción de esta por parte de la célula β del páncreas.

La etiología de la diabetes gestacional aparentemente está relacionada con la disfunción de las células beta pancreáticas, y la marcada resistencia a la insulina secundaria a la liberación hormonal placentaria. El lactógeno placentario humano es la principal hormona relacionada con el aumento de la resistencia a la insulina en la DG.
La intervención nutricional, junto con el ejercicio físico y el autocontrol frecuente, son básicos en el tratamiento de la DG para reducirlas complicaciones maternas y fetales, tanto a corto como a largo plazo.
El autocontrol de la glucosa en sangre es una parte importante de la atención estándar de la diabetes. El monitoreo frecuente ayuda a los pacientes a comprender mejor la influencia que tienen la comida y el ejercicio en sus valores de glucosa en sangre, aumentando así su adherencia al plan de tratamiento.
Se estima que la prevalecía a nivel mundial es del 7% del total de los embarazos, mientras que en México está entre el 8.7 y 17.7%, dependiendo del grado de riesgo de la paciente (IMSS,2016).

La Guía de Práctica Clínica para el diagnóstico y tratamiento de la diabetes en el embarazo del Instituto Mexicano del Seguro Social contiene las siguientes recomendaciones:
Terapia médica nutricional proporcionada por un nutriólogo o dietista certificado, con experiencia en el manejo de diabetes y embarazo.
Dieta culturalmente apropiada e individualizada a las necesidades de la mujer.
Dieta con especial atención a los carbohidratos y su índice glucémico. La dieta de bajo índice glucémico tiene un efecto positivo en el control de peso materno y en los niveles de glucosa.
Dieta con 3 comidas y de 2 a 3 colaciones al día.
Una actualización sobre la intervención dietaria en pacientes con diagnóstico de diabetes gestacional, presentada en el Journal Diabetes Research, señala algunos de los aspectos de interés que se resumen brevemente:
Aporte energético
El diagnóstico de DG, está relacionado con el peso corporal. La condición idea previa al embarazo, es un peso corporal adecuado que posteriormente deberá ir acompañado de un aumento de peso dentro de los rangos recomendados. La obesidad es un factor de riesgo para la diabetes y la hipertensión en el embarazo.
Ninguna guía recomienda la pérdida de peso durante el embarazo, incluso en pacientes con diagnóstico de sobrepeso u obesidad, sólo señalan que se desacelere el aumento de peso, evitando así la cetosis materna y otros efectos secundarios en la madre y el feto. Las recomendaciones del Instituto de Medicina de los Estados unidos (IOM) con respecto a las pacientes con sobrepeso y obesidad, indican una restricción calórica moderada con una reducción de aproximadamente un 30% de la ingesta calórica previa al embarazo, teniendo en cuenta que la dieta no debe ser inferior a 1600 kcal/día. La tabla muestra las kilocalorías sugeridas según el IMC pregestacional.

Carbohidratos
En cuanto a los carbohidratos de la dieta, se recomienda una cantidad mínima de 175 gramos/día, el tipo de carbohidratos que se consuman debe ser carbohidratos complejos, ofrecidos por alimentos que contengan almidón y que sean naturalmente ricos en fibra dietética, tales como cereales integrales y leguminosas, o por azúcares presentes de manera natural como en las frutas, verduras y lácteos, evitando al máximo los azúcares añadidos. Los alimentos seleccionados para el menú deberán ser de bajo índice glucémico (IG) < 55. Además, la ingesta de carbohidratos debe distribuirse durante el día para así evitar cantidades excesivas y que provoquen la aparición de hiperglucemia posprandial. Las dietas con carbohidratos de lenta absorción con un bajo IG se han asociado a mejores niveles en la glucosa plasmática en ayuno y en el perfil de lípidos, a un menor requerimiento de insulina durante el embarazo, y a un peso menor en el producto al momento del nacimiento.
En la revista digital de la UNAM, “Alimentación para la salud” el Dr. Sebastián Reyes Lizaola señala que las guías de diversas organizaciones para la atención nutricional de la DG difieren en la recomendación para el porcentaje con que los carbohidratos deben contribuir a la energía de la dieta, fluctuando entre 40 y 65%. Se han realizado diversas investigaciones para evaluar este aporte, entre ellos en un estudio cruzado aleatorizado no encontró diferencia entre los niveles de glucosa en ayuno al comparar dietas compuestas de 40% carbohidratos a dietas con el 60% de carbohidratos.

Proteínas
Las investigaciones marcan una recomendación de proteína similar para las mujeres embarazadas con y sin DG. La Asociación Americana de la Diabetes (ADA) recomienda para la ingesta de proteínas un mínimo de 71 g/día en mujeres embarazadas con DG. Recientemente, un estudio que utilizó el método mínimamente invasivo de oxidación de aminoácidos indicadores estableció que los requerimientos de proteínas aumentarían de 1,2 g/kg/día a las 16 semanas de embarazo a 1,52 g/kg/día a las 36 semanas.

Grasas
Las recomendaciones del IOM indican una ingesta de grasa correspondiente del 20-35% del requerimiento calórico total. Las guías alemanas recomiendan un porcentaje del 30-35%. Las grasas saturadas deben encontrarse máximo en el 10 %, y las grasas trans en el mínimo. El porcentaje restante se divide entre ácidos grasos monoinsaturados (aceite de oliva, nueces, maní, nueces y aguacate), ácidos grasos poliinsaturados, omega-3 (pescado, aceite de pescado y aceite de linaza) y omega-3 y 6 (aceite de soja, girasol, colza y maíz). La relación entre estos tres tipos de ácidos grasos no está claramente definida en mujeres embarazadas con DG.

Vitaminas y Minerales
El embarazo representa una época en la que las mujeres necesitan un elevado aporte de vitaminas y minerales, para poder asegurar tanto sus necesidades como las de sus bebés. En una alimentación variada y correcta se deben cubrir todas sus necesidades. En la práctica, sin embargo, la mayoría de las veces se utilizan suplementos de vitaminas y minerales para garantizar el alto aporte necesario. El ácido fólico es esencial para la síntesis de ácido nucleico, siendo vital para el crecimiento fetal. Complementar la dieta con ácido fólico antes de la concepción y durante las primeras 12 semanas de embarazo redujo considerablemente el porcentaje de embarazos con defectos del tubo neuronal. Se recomiendan suplementos con ácido fólico en dosis de 5 mg/día, 3 meses antes de la concepción, reduciéndose la dosis a 0,4-1 mg/día a partir de la semana 12 de gestación.

Texto completo:
https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC8616668/
Textos complementarios:
