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Caso: infección por Clostridium Botulinum y Clostridium Perfringens en un lactante de 5 meses

El botulismo es una enfermedad rara causada por neurotoxinas botulínicas, que pueden ser de Clostridium botulinum, Clostridium baratii, Clostridium butyricum y Clostridium sporogenes. Existen 3 tipos: transmitido por alimentos (intoxicación por la toxina preformada en un alimento), por heridas (infección en la herida) y del lactante (colonización del intestino por esporas de bacterias productoras de neurotoxinas botulínicas).

Las neurotoxinas bloquean la liberación de acetilcolina, paralizando el músculo inervado (penetrado por un nervio) e inhibiendo el sistema nervioso colinérgico. El cuadro clínico del botulismo incluye parálisis flácida descendente y síntomas anticolinérgicos (midriasis, sequedad bucal, estreñimiento). Se observa parálisis facial y en extremidades, y puede ocurrir insuficiencia respiratoria.

Las esporas de bacterias productoras de neurotoxinas botulínicas se pueden encontrar en el suelo y sedimentos acuáticos, pudiendo contaminar alimentos de origen vegetal y animal. En los lactantes, el cuadro clínico de botulismo empieza con estreñimiento y alimentación deficiente, posteriormente debilidad generalizada con parálisis bulbar (se observa control deficiente de cabeza, llanto débil, disminución del reflejo de succión y babeo). 

Se presenta el caso de un lactante de 5 meses nacido sano, en urgencias por incapacidad para succionar y beber. Su último biberón fue 14 horas antes y su última papilla casera un día antes.

La primera sospecha fue sobre botulismo, debido a la afagia y a los problemas bulbares, descartando otras afecciones como atrofia muscular espinal o encefalopatía por el inicio abrupto de los síntomas. 24 horas después del ingreso, se observó una causa paralítica a través de una laparotomía exploratoria. Se administró metronidazol y toxina botulínica. Se confirmó botulismo por la presencia de C. Botulinum en una muestra fecal. 

La recuperación fue gradual. Después de 12 días se logró reanudar la alimentación oral y la defecación. Después de 16 días se recuperaron las principales habilidades motoras y en 3 meses ya se observaba como un niño normal con adecuado desarrollo y fuerza muscular. En el análisis microbiológico también se observó la presencia de C. Perfringes.

En el historial dietético no se presentó consumo de miel. Las comidas eran previamente preparadas y guardadas en frascos de vidrio desechables cocidos al vacío (95-100 °C) y recalentados al momento del consumo. Un día antes de los síntomas el bebe consumió puré casero de babosas, brócoli y jamón preparado dos días antes. El frasco donde se almacenó dio positivo a C. Botulinum y C. Perfringes.

Las neurotoxinas botulínicas son termolábiles y las temperaturas superiores a 80 °C pueden destruirlas. Los alimentos fríos o que no se calientan de forma adecuada pueden causar botulismo transmitido por alimentos. Se cree que el caso empezó como transmisión por alimentos y luego progresó como evento de colonización intestinal como ocurre en casos de lactantes (por la falta de microbiota competitiva).

Investigación completa:

https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC11847461


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