La esclerosis lateral amiotrófica (ELA) es una enfermedad neurodegenerativa que afecta el movimiento muscular voluntario, al atacar a las neuronas motoras. Algunos movimientos voluntarios incluyen masticar, caminar y hablar. La enfermedad no tiene cura, y los síntomas se agravan con el tiempo.
Síntomas iniciales:
- Contracciones musculares
- Calambres musculares
- Músculos tensos y rígidos
- Debilidad muscular en un brazo, una pierna, el cuello o diafragma
- Dificultad para hablar
- Dificultad para masticar o tragar
La desnutrición se puede presentar en la ELA debido a las características metabólicas de la enfermedad (hipercatabolismo en las primeras fases) y al deterioro de los músculos respiratorios y deglutorios. Se ha observado que la disfagia es un síntoma inicial y constante a lo largo de la enfermedad.
CASO CLÍNICO
Una mujer de 68 años fue diagnosticada con ELA después de acudir a consulta de neurología por dolor y dificultad para mover la extremidad superior izquierda. En el área de nutrición clínica se le realizó un cuestionario de frecuencia de consumo de alimentos, un recordatorio de 24 horas y una encuesta dietética.
Informó un peso habitual de 50 kg y negó la presencia de disfagia. Según las medidas antropométricas no presentaba desnutrición. La valoración global subjetiva (VGS) indicó un buen estado nutricional. Los requerimientos energéticos se obtuvieron mediante la ecuación de Harris-Benedict, usando un factor de actividad de 1.5.
Su gasto energético total fue de 1560 kcal/día y el requerimiento de proteínas de 78 g/día (según las recomendaciones de ESPEN 2018). Ella consumía en promedio 1320 kcal/día y 64 g/día de proteína. Presentaba sarcopenia en ambos brazos según la dinamometría (medición de fuerza de agarre).
Debido a que consumía menos calorías y proteína de acuerdo a sus requerimientos, se le brindaron suplementos hipercalóricos e hiperproteicos. Después de 6 meses se observaron mejoras en los parámetros antropométricos y de composición corporal, pero un deterioro en la funcionalidad muscular.

La paciente fue diagnosticada con disfagia orofaríngea, por lo que se le recetó un espesante para agregar a los líquidos. Seis meses después fue diagnosticada con anemia leve, leucocitosis y trombocitosis. Presentó neumonía adquirida en la comunidad y fue tratada principalmente con antibióticos.
En la consulta de nutrición refirió peor deglución y disminución del consumo dietético. Se le implantó una gastrostomía endoscópica percutánea. Después de 3 meses se observó disfagia orofaríngea severa, por lo que se optó por nutrición enteral completa por sonda con fórmula hipercalórica hiperproteica con fibra, distribuida en 5 bolos de 250 ml por toma con 750 ml de agua añadidos.
El estado de la paciente era estable, tolerando la nutrición enteral y sin presentar deterioro del estado nutricional, aunque con ciertas limitaciones por la progresión de la enfermedad. El caso presenta la evolución de la paciente desde el diagnóstico de ELA hasta el uso de medidas que se pueden considerar agresivas, como la gastrostomía.
Es importante considerar que el tratamiento debe ser llevado a cabo por especialistas en distintas áreas, como neurología y nutrición. La intervención nutricional debe existir desde el inicio de la enfermedad, teniendo en cuenta factores como la pérdida de autonomía, la reducción del consumo dietético (por disfagia o pérdida del apetito) y el aumento del metabolismo.
Referencias:
