Las alergias alimentarias, definidas por Boyce y colaboradores en 2010 como: «una respuesta inmunológica potencialmente mortal que se produce de forma reproducible tras la ingestión de un alérgeno», afectan al 7-8% de los niños a nivel mundial. La anafilaxia es una reacción muy grave que puede o no ser alérgica y que avanza rápidamente afectando a diferentes órganos y sistemas. Antes de la llegada de COVID -19, aproximadamente el 20% de las reacciones anafilácticas ocurrían en las escuelas.
Lo preocupante es que aproximadamente el 30% de los niños que tuvieron reacciones alérgicas en sus escuelas, no sabían de su alergia o no lo informaron al personal. Los síntomas de las alergias pueden ser muy variados pero generalmente se presentan como asma, urticaria, vómitos, estornudos y constipación. En las escuelas, los niños pueden estar expuestos a muchos alimentos que tal vez no conozcan y que quieran probar, por lo que es imprescindible que el personal esté capacitado para tratar una posible alergia.

Los alimentos que se consideran más alérgenos son la leche, el huevo, el cacahuate y el pescado. La introducción temprana de algunos alimentos puede ayudar a disminuir el riesgo de algunas alergias, por ejemplo en el caso del consumo de cacahuate. En México, la NOM-051-SCFI/SSA1-2010 que establece las especificaciones para el etiquetado de alimentos y bebidas no alcohólicas, destaca que se deben declarar los ingredientes que puedan causar hipersensibilidad o reacciones alérgicas.
«El aumento en la prevalencia de las alergias se debería considerar como un problema de salud pública, pues estas enfermedades afectan notablemente la calidad de vida de estos individuos y de sus familias, además generan un impacto negativo en la economía familiar y un aumento de la morbilidad y la mortalidad; que se reflejan en un incremento en el número de hospitalizaciones con el consecuente ausentismo escolar y laboral que repercute en la economía de las familias y los sistemas de salud.»
Generalmente las escuelas no están preparadas para atender las reacciones alérgicas que pudieran presentar los alumnos, aunque sus miembros estén interesados en aprender el manejo de las alergias alimentarias. Un estudio donde se analizaron 12 artículos de revisión, mostró que en solo 4 de esos estudios contaban con personal de salud en las escuelas y aunque en 10 artículos se presentaba personal que tenían experiencia previa con alergias alimentarias, no eran ellos los que estaban más expuestos a cuidar niños con alergias.
Referencias:
