
Las alergia alimentaria se caracteriza por una reacción inmune adversa a un antígeno presente en un alimento específico. La alergia a la proteína de la leche de vaca (APLV) es la alergia alimentaria más prevalente en la primera infancia.
La prevalencia estimada en niños menores de tres años oscila entre el 0,5% y el 3% en los países desarrollados. Su incidencia ha ido aumentando durante las últimas dos décadas, situación que se ha asociado con cambios ambientales y de estilo de vida que limitar la exposición microbiana en las primeras etapas de la vida e induce cambios en la composición del microbioma intestinal.
Generalmente ocurre dentro del primer año de vida y tiene un pronóstico favorable ya que la mayoría de los niños desarrollan tolerancia a la edad de cuatro años. Sin embargo, en un subconjunto de pacientes no se resuelve hasta la adolescencia y la edad adulta, y los pacientes experimentan reacciones alérgicas graves incluso con una exposición a trazas de leche.
Las proteínas de la leche de vaca se dividen en dos clases principales, las caseínas (α1-, α2-, β- y κ-caseína) y proteínas del suero (α-lactoalbúmina y β-lactoglobulina), que representan 80% y 20% del contenido total de proteínas respectivamente. Todas las proteínas pueden ser alérgenos potenciales y puede inducir respuestas inmunes tanto de inmunoglobulina E (IgE) como no mediadas por IgE. Sin embargo, en el caso de la APLV mediada por IgE, la sensibilización múltiple es más común.

El microbioma es una comunidad diversa de microbios que colonizan el tracto gastrointestinal y realizar funciones beneficiosas para el huésped. Este complejo ecosistema interactúa con el sistema inmunológico y tiene un papel fundamental en el desarrollo de la tolerancia oral a los antígenos alimentarios.
Cada vez hay más investigaciones que sugieren un papel central del microbioma intestinal humano en el desarrollo de la tolerancia oral a las proteínas de la dieta.

El intestino humano alberga una gran cantidad de microorganismos y su correspondiente genoma. Estas comunidades complejas tienen una relación simbiótica con su huésped y participan en procesos clave, incluido el desarrollo del sistema inmunológico. Interactúan con el sistema inmunológico innato y adaptativo y tienen un tremendo potencial para influir la fisiología del cuerpo humano, tanto en la salud como en la enfermedad.
La colonización microbiana del intestino comienza con el nacimiento y evoluciona en paralelo con el huésped. Sin embargo, hay Hay varios factores que pueden alterar este proceso durante los primeros años de vida, (forma de nacimiento, lactancia materna, uso de antibióticos entre otros) provocando cambios significativos en la composición y función del microbioma intestinal. Evidencia reciente sugiere que los cambios en dicho microbioma en las primeras etapas de la vida hacen que el huésped sea vulnerable a trastornos mediados por el sistema inmunológico durante la infancia y más adelante en la vida.
Evidencia emergente indica que las alteraciones del microbioma intestinal (disbiosis) en las primeras etapas de la vida causan una desregulación inmune
y pueden provocar que el huésped sea susceptible a enfermedades inmunomediadas más adelante en la vida. Por tanto, la colonización
del intestino por microbios «sanos» que ocurre en los primeros años de vida determinaría la salud de por vida del anfitrión.
El tratamiento para la (APLV) consiste en evitar su consumo, lo cual es más sencillo en los primeros seis meses de vida, ya sea porque el bebe recibe lactancia materna exclusiva o en los casos en que la madre decida no lactar, al emplear fórmulas lácteas ampliamente hidrolizada, fórmulas en base a proteína de arroz o fórmulas a base de aminoácidos. Al iniciar la alimentación complementaria y llegar a la adaptación a la dieta familiar debe prestarse mayor atención a la selección de alimentos evitando aquellos que pudiesen contener proteína láctea.

Los estudios que relacionan el microbioma alterado y las alergias alimentarias, han investigado el empleo terapéutico de probióticos, solos o en combinación con prebióticos, para mantener un equilibrio en la composición del microbioma, al suprimir el crecimiento de bacterias patógenas y favorecer el establecimiento de microorganismos benéficos, al fortalece la barrera epitelial intestinal, reducir la permeabilidad intestinal, aumentar el espesor del moco y producir defensina. Además, los probióticos interactúan con las células del sistema inmunológico en el tracto gastrointestinal y modulan las respuestas inmunitarias, lo que proponen ayuda para prevenir enfermedades alérgicas.
Traducción del artículo original : Dafni Moriki et al. The Role of the gut microbiome in cow ’s milk allergy: A clinical approach, October 2022, Nutrients 14(21):4537
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