El sobrepeso y la obesidad son un problema importante de salud publica, por lo que se han centrado muchos esfuerzos en su tratamiento, especialmente en cambios de IMC y talla corporal. Sin embrago, las medidas de peso e IMC no diferencian entre los compartimentos de la composición corporal.
La composición corporal, que consta de masa grasa y masa magra (lo que no es grasa, como musculo, huesos, órganos), puede modificarse mediante la actividad física, a través de cambios fisiológicos que no siempre se observan en los cambios de peso corporal total.
El ejercicio, especialmente de resistencia y cuando no se combina con una dieta baja en calorías, puede aumentar la masa muscular debido al aumento el área de las fibras musculares (hipertrofia muscular). Las adaptaciones pueden mejorar el gasto energético en reposo y el metabolismo de la glucosa.
Son la tensión mecánica, el daño muscular y el estrés metabólico responsables de estimular las vías anabólicas (en particular la señalización de la diana de rapamicina en mamíferos (mToR) para lograr una respuesta positiva del tejido magro.
Los ejercicios de carga y de resistencia, al ejercer una presión mecánica sobre el sistema musculoesquelético, estimulan la osteogénesis y promueven la acumulación ósea. En algunas personas el ejercicio puede tener una influencia negativa sobre la densidad mineral ósea.
La actividad física regular puede favorecer la disminución del tamaño de los adipocitos y mejorar su función (por ejemplo haciéndolos más sensibles a la insulina, con menor secreción de citocinas proinflamatorias).
Investigación original:
https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2095254625000791?via%3Dihub
